Mohamed VI llama a no renunciar “ni a un grano de arena” del Sahara Occidental

El monarca Mohamed VI de Marruecos ha afirmado que ha llegado la hora de afrontar “con toda la firmeza necesaria la escalada bélica” de los “adversarios de la integridad territorial” y se ha mostrado dispuesto a no “renunciar ni a un grano de arena” del Sahara Occidental.

El monarca Mohamed VI de Marruecos En un discurso con motivo del 34 aniversario de la Marcha Verde, tras la cual Marruecos se anexionó ese territorio, ha considerado que los opositores al plan de autonomía marroquí han fomentado “un plan de conspiración recurriendo, entre otras estratagemas, a la extorsión, las presiones, la provocación y la perversión del espíritu de la legalidad internacional.

Ha llegado el momento de que todas las autoridades públicas redoblen la vigilancia y la movilización para contrarrestar, con la fuerza de la ley, todo atentado contra la soberanía de la nación, así como de preservar, con toda la firmeza requerida, la seguridad, la estabilidad y el orden público“, ha asegurado en su alocución. Para Mohamed VI, “no hay lugar para la ambigüedad: o el ciudadano es marroquí, o no lo es. (…) O se es patriota o se es traidor. No hay término medio entre el patriotismo y la traición“.El monarca ha dicho a los “enemigos” de la integridad territorial que “saben mejor que ninguno que el Sahara es una causa crucial para el pueblo marroquí“, así como que haciendo de esa cuestión “la piedra angular de su estrategia bélica, confirman que son el verdadero protagonista en este conflicto artificial“, y ha añadido que “Marruecos rechaza prestarse a una demagogia sobre los derechos humanos, sobre todo por parte de regímenes y de grupos fundados en la negación y violación de los mismos“, que a su juicio se sirven de la explotación “de la situación inhumana” en los campamentos de refugiados de Tinduf (Argelia).

 

Richard Stith: “El aborto ‘libera’ al hombre para explotar sexualmente a la mujer”

El Profesor de Derecho de la Universidad de Valparaíso, Indiana (Estados Unidos), Richard Stith, ha afirmado hoy en Zaragoza que la reforma de ley del aborto que propone el gobierno español “tiene como resultado la liberación del hombre para explotar sexualmente a la mujer”.

Richard Stith, profesor de Derecho de la Universidad de Valparaiso, en Estados Unidos, y ponente en el IV Congreso Internacional Provida Así lo ha dicho en la rueda de prensa del IV Congreso Internacional Por la Vida celebrada hoy, 7 de noviembre, a las 11.30 horas en la sala de prensa del Auditorio de Zaragoza. En la mesa han estado presentes, junto a Stith, el miembro del comité organizador del congreso y promotor en Zaragoza de la campaña ‘Un millón de velas por la vida’, Antonio Gasós; el Presidente de la ONG “El portal de Belén” de Córdoba (Argentina), Aurelio García Elorrio; el catedrático de Genética Humana de la Universidad de Costa Rica, Alejandro Leal Esquivel; y el coordinador de la manifestación del 17-O, Ignacio García Juliá.

Richard Stith ha explicado que la reforma de ley del aborto que propone el gobierno español “tiene como resultado la liberación del hombre para explotar sexualmente a la mujer y le exime de la responsabilidad por el nacimiento”, añadiendo que “si la mujer al final decide tenerlo el hombre se mantendrá al margen alegando que es problema de ella porque disponía de la ‘libertad’ para abortarlo”.
 
El Presidente de la ONG “El portal de Belén” de Córdoba (Argentina), Aurelio García Elorrio, por su parte ha expuesto que su asociación lleva recibiendo desde hace 20 años a “las mujeres más pobres de las pobres que han sufrido presión familiar para abortar, violencia domestica y expulsión del hogar por quedarse embarazadas”. Asimismo, ha señalado que llevan “10 años luchando por que los laboratorios de su país informen con veracidad acerca de los fármacos relacionados con la anticoncepción y contraconcepción tal y como hacen la mayoría de los países entre los que no se encuentra España”.Seguidamente, el catedrático de Genética Humana de la Universidad de Costa Rica, Alejandro Leal, ha argumentado la conveniencia de emplear células madre adultas en detrimento de las embrionarias basándose en aspectos científicos y éticos. “Es normal que muchos científicos trabajen con células madres embrionarias porque esas investigaciones ofrecen dinero al implicar la creación de patentes, hecho que no ocurre con las adultas”, ha afirmado.  Además, ha señalado que “las células madre adultas son capaces de producir todo tipo de células si reciben el estímulo adecuado”. Por último, ha resaltado “la prescindibilidad de emplear células embrionarias siendo que las adultas juegan un papel efectivo para fines terapéuticos sin recurrir a destruir embriones, o sea, seres humanos”.El coordinador de la manifestación del 17-O, Ignacio García Juliá, se ha definido como el nexo de unión entre la manifestación del 17-O y el congreso, “dos eventos en los que predomina el mismo espíritu: que cada vida importa y que la mujer no está ni estará sola”. Asimismo, ha añadido que “en Madrid ha nacido un gran movimiento en defensa de la vida” y ha denunciado “la voluntad de los centros abortistas de no ser claros”, ya que, por ejemplo, “las mujeres pagan en efectivo y no se les entregan facturas lo que empaña de oscurantismo las cifras de las víctimas del aborto”.Por último, el miembro del comité organizador del congreso y promotor en Zaragoza de la campaña ‘Un millón de velas por la vida’, Antonio Gasós, ha ofrecido datos del evento ‘Un millón de velas por la vida, que comenzará a las 22 horas con el encendido simultáneo de miles de velas. Previamente a las 21.45 horas, en el exterior del Auditorio de Zaragoza, el coordinador de la manifestación del 17-O, Ignacio García Juliá, leerá un manifiesto y encenderá la primera vela. Acto seguido se encenderá simultáneamente la cadena de cuatro kilómetros de velas que recorrerán Zaragoza desde la puerta del Auditorio hasta la plaza del Pilar, a lo largo de las aceras de los números pares, pasando por Violante de Hungría, Emperador Carlos, Fernando el Católico, Gran Vía, Independencia, Coso, calle Alfonso y plaza del Pilar. El encendido será posible gracias a la participación de 3.000 voluntarios.

 

Evangelio del domingo: Darlo todo

Comentario al Evangelio de este domingo XXXII del tiempo ordinario, (Marcos 12, 38-44), redactado por monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, obispo de Huesca y de Jaca.

El texto de este domingo nos trae la deliciosa escena de un Jesús que observa lo que está ocurriendo en los aledaños del Templo de Jerusalén, y hace de su observación una hermosa enseñanza. Ante sus ojos aparecen los letrados y fariseos, esa gente importante, reconocida y mandamás, autorizadísimos por sus propias leyes, que iban y venían al Templo dándose una importancia arrog ante. Jesús señala no sólo el uso pertinaz que estos personajes tenían, sino también el abuso injusto que ellos practicaban aprovechándose de las capas más bajas de aquella sociedad, como eran las viudas.
Y junto a este grupo que así usa y así abusa, el Señor observa precisamente a una viuda que llega al Templo sin alarde ni presunción, y allí frente al cepillo ella contrastaba con otra gente rica y principal que echaba en abundancia. Aquella pobre mujer no: tan sólo echó dos reales.
A diferencia de la viuda de Sarepta –de ella nos habla la 1ª lectura (1 Reyes 17,10-16)– que su pobre donación fue bendecida por Dios obrando un milagro de abundancia en donde sólo había escasez, la viuda del Evangelio no será chistada por Jesús para premiarla de alguna manera evidenciando ante los demás su gesto generoso. No nos cabe duda que esta buena mujer habrá recibido el céntuplo en su encuentro con Dios, pero por el momento ni siquiera de ese reconocimiento gozó nuestra protagonista. Y sin embargo, Jesús la vio, y la ensalzó hasta el punto de colocarla como ejemplo. Exactamente igual que vio a los letrados y los puso de contraejemplo. Nada escapa a la mirada de Dios.
¿Qué es lo que Jesús vio en esta viuda? Que lo había dado todo. Por poco que fuera, éso era cuanto tenía. El premio de esta mujer estaba en la paz y en la falta total de agobio asfixiante, de zozobra angustiosa, porque vivía en la libertad de quien nada tiene que defender porque todo lo ha entregado ya. Curiosamente, los que viven así tienen esa felicidad que imposiblemente pretenden alcanzar aquellos que se resisten a darlo todo. Y aquí resalta la paradoja evangélica: quien entrega, tiene, quien retiene se quedará sin nada. Lo habr emos experimentado tantas veces a propósito del perdón: quien se resiste a perdonar, quien quiere seguir siendo rico de sus razones, acaba frecuentemente en la soledad, en el resentimiento y en la amargura, mientras que quien aun teniendo razones las sabe “perder”, resulta que encuentra una alegría inusitada, una paz inesperada. Darlo todo, gratuitamente, como gratis lo hemos recibido, y también nosotros experimentaremos que las promesas de Jesús no son vacías. Somos lo que somos ante Dios y nada más.

Servir a Cristo en Tierra Santa

Un presbítero israelí comparte su “viaje” al sacerdocio

¿Cómo haría la amistad entre un adolescente judío y una monja ortodoxa de Rusia, de 90 años de edad, que resulta ser una princesa, para conducir a este joven a convertirse en católico? ¿Y más tarde, sacerdote jesuita?
Puede no parecer un resultado probable, pero es la verdadera historia que está detrás de la vocación del padre David Mark Neuhaus, Vicario del Patriarcado Latino para los católicos de lengua hebrea en Israel (www.catholic.il).
En esta entrevista al padre Neuhaus, relata cómo nació en una familia judía que había conseguido escapar al flagelo de los nazis en su Alemania natal.
La familia vivía en Sudáfrica, pero de adolescente, David se trasladó a Jerusalén. Allí conoció a una monja ortodoxa, que al hablar de su fe, irradiaba la alegría de Cristo.
Fue a través de sus conversaciones con ella cuando él se sintió llamado no sólo a convertirse en un cristiano, sino a servir a Cristo como su Vicario en la tierra.
Actualmente, padre Neuhaus, enseña Escritura en el Seminario del Patriarcado Latino y en la Universidad de Belén.
Completó su doctorado en ciencias políticas en la Universidad Hebrea de Jerusalén. También tiene títulos en Teología del Centro Sèvres de París, y en Escritura en el Pontificio Instituto Bíblico de Roma.

-¿Cómo veía la religión de niño? ¿Era usted espiritual?
Padre Neuhaus: Yo nací en una familia judía no muy practicante, que había encontrado refugio de la devastación nazi en Sudáfrica. Mi padre iba regularmente a la sinagoga, pero en casa la práctica religiosa no era muy regular. Yo acudía a una excelente escuela judía local, donde rezábamos cada mañana, estudiábamos la Biblia, religión y hebreo.
Yo no estaba particularmente interesado en nada de esto, y pensaba que la religión era para los ancianos que estaban atemorizados por la muerte. Además, para mí, en esa época, el cristianismo lo percibía como que estaba en las raíces del sufrimiento de mi propia familia y de los demás judíos, particularmente en Europa, por tanto no era nada espiritual.

-Usted se convirtió desde el judaísmo mientras vivía en Israel. ¿Qué le llevó a convertirse al catolicismo?
Padre Neuhaus: Llegué a Israel a la edad de 15 años, apasionado por la historia, y llegué en búsqueda de una princesa rusa que sabía que se había trasladado a Jerusalén. Yo era un adolescente judío y el vástago del Imperio Ruso que conocí, Madre Barbara, tenía casi 90 años, era monja ortodoxa desde hacía más de 50 años.
Pasamos muchas horas juntos, hablando de los últimos días del Imperio Ruso, la revolución y sus repercusiones. En el curso de nuestras conversaciones, me dí cuenta de que esta viejísima y frágil señora brillaba de alegría. Lo encontré muy extraño, pues ella estaba completamente postrada en la cama, confinada en una pequeña cel da en un convento y la única expectativa que a ella le quedaba era la muerte.
Un día, me armé de valor y le pregunté: ¿Por qué está usted tan alegre? Ella sabía que yo era judío y dudó al principio, pero al final empezó a hablarme del gran amor de su vida, las palabras se desbordaban y ella estaba cada vez más radiante. Me habló de Jesucristo, del amor de Dios manifestado en él, de su vida de alegría con él en el convento.
Yo estaba conmocionado y hoy sé que en su alegría radiante vi el rostro de Jesús por primera vez. Nuestras conversaciones continuaron un tiempo. Tan pronto como vi a mis padres, les dije que quería ser cristiano, y ellos se quedaron estupefactos. Les prometí que esperaría 10 años, pero que si seguía convencido deberían aceptar. Ellos estuvieron de acuerdo, esperando que con el tiempo, cuando pasaran los diez años, yo habría vuelto a mis cabales.

-¿Pensó alguna vez que acabaría como sacerdote católico?
Padre Neuhaus: Yo sentí mi vocación a la vida religiosa casi inmediatamente al encontrar a Cristo en Madre Barbara. La vocación al sacerdocio llegó tan pronto como puede entender el significado de la presencia de Cristo en el sacramento de la Eucaristía. Quería estar en presencia de Jesús, debía aprovechar toda oportunidad de conocerle y quería llevarle a los demás. Sentía Sentí que el mundo tenía extrema necesidad de alegría y que Cristo era la clave de la verdadera alegría.
Los momentos más fuertes durante los primeros años de empezar a conocerle fue cuando, aún adolescente, frecuentaba la Iglesia Ortodoxa Rusa para la Divina Liturgia. La lectura de la Bibl ia llegó un poco más tarde y sigue siendo mi pasión hasta. Me llevó algún tiempo hasta que entré en contacto con la Iglesia Católica.
Lo que me atrajo fue la universalidad de la Iglesia Católica y su amor y la solicitud por el mundo. Lo que me consolaba era la búsqueda, por parte de Iglesia Católica, del camino de la reconciliación con el pueblo judío, para corregir lo que había sido pecaminoso en el modo en que se había enseñado a los católicos acerca de los judíos y del judaísmo.
Lo que me inspiró fue la enseñanza profética de la Iglesia Católica sobre la justicia y la paz, y su compromiso al lado de los oprimidos y los oprimidos. El interrogante categórico de mi familia y mis amigos judíos era: ¿Cómo puedes unirte a la comunidad que nos ha perseguido durante siglos?
Encontré consuelo en las figuras del beato Papa Juan XXIII, en el cardenal Augustin Bea y los otros gigantes del Concilio Vaticano II, así como la reformulación de la enseñanza de la Iglesia con respecto a los judíos. He entendido desde el principio que si yo, judío, entraba en la Iglesia, tenía que servir; yo no podría ser simplemente un cristiano más. Mucho antes de mi bautismo, entendí que ese servicio estaba íntimamente conectado con hacer presente a Cristo en el mundo a través del sacramento y por medio de la Palabra.

-¿Qué le atrajo hacia los jesuitas?
Padre Neuhaus: No fue Ignacio de Loyola al principio, él llegó después, durante el mes de retiro del primer año de noviciado. Al principio me atrajeron los primeros dos jesuitas que conocí en Jerusalén: padre Peter, un americano que había venido a trabajar con los palestin os como profesor de filosofía y teología en la Universidad Católica de Belén (donde yo enseño ahora), y el padre José, un nicaragüense que había venido a trabajar en la asociación israelí de habla hebrea, y que servía en la pequeña iglesia católica de habla hebrea (de la que yo soy ahora Vicario del Patriarcado).
La dedicación de estos dos hombres, que habían dejado todo para servir a Cristo, me conmovió profundamente. Yo estaba impresionado por la espiritualidad sólida y la talla intelectual de estos dos hombres. Me impresionó su capacidad para hacer frente a la complejidad, sin reducir la realidad a los eslóganes. Por encima de todo, me impresionó por su amistad con los demás en el Señor. Uno de ellos trabajaba en profunda solidaridad con los palestinos, el otro en profunda solidaridad con los judíos de Israel, y sin embargo a través del abismo de la violencia y el odio, fueron capaces de ser amigos, rezar juntos, hablar y reír juntos.
Esto abrió posibilidades de que nuestra realidad parecía haber cerrado, y ofrecía esperanza y un aliento de vida, donde no parecía haber ninguna. El padre José me preparó para el bautismo y me bautizó, el padre Peter coordinó mi entrada en la Compañía de Jesús y me revistió en mi ordenación.

-Usted es israelí, sacerdote católico que vive en Jerusalén, la tierra donde Jesús mismo caminó. ¿Qué dimensión especial añade esto a la vivencia de su sacerdocio?
Padre Neuhaus: Vivir donde Jesús vivió, caminar por donde él caminó, vivir entre su pueblo en la carne es un privilegio increíble. Como católicos creemos que el momento de la Resurrección de Cristo cambió la faz de la tierra en una “tierra santa”, y a la gente que cree en Cristo en un “pueblo santo”, pero este particular trozo de tierra lleva consigo las verdaderas huellas de la vida terrena de Jesús, y las huellas de los patriarcas de Israel, sacerdotes, reyes, sabios y profetas que le precedieron, preparando su camino.
Vivir el discipulado aquí es recordar a cada paso los actos concretos del amor que Jesús vivió aquí. La tierra en que vivimos es un “evangelio” en el que anuncia la buena noticia de la victoria sobre la muerte de Cristo y de todos los que llevaron a esa victoria. Para mí, el centro es la Iglesia de la Resurrección (llamada por muchos la Iglesia del Santo Sepulcro). Yo trato de ir regularmente a orar, y así revitalizar constantemente mi vocación e interceder por la Iglesia, para que seamos fieles al amor de Cristo p or el mundo.
Además de celebrar los sacramentos y la predicación de la Palabra, tengo un privilegio muy especial en esta tierra como profesor de Sagrada Escritura en el seminario diocesano de aquí. Una misión particular en la enseñanza de las Escrituras aquí es implicar a nuestros jóvenes seminaristas, jordanos y palestinos, en meditar sobre el don de ser capaz de leer las Escrituras en la tierra en que fueron escritas, celebrar los sacramentos en la tierra en la que fueron instituidos.
Además, aquí en esta tierra, atiendo a la pequeña Iglesia de habla hebrea. Orando en hebreo, estudiando el Antiguo Testamento en su propio idioma, siendo parte de la sociedad judía israelí, es un recordatorio constante de la fidelidad de Dios a través de las edades, especialmente a partir del momento le dijo a Abraham: “serás una bendición” (Génesis 12,2) .

-¿Cuál ha sido el aspecto más importante de ser sacerdote para usted, a día de hoy?
Padre Neuhaus: Ciertamente esperaba con gran expectación celebrar mi primera Eucaristía, para ser ministro de la presencia real de Cristo en un mundo que lo necesita desesperadamente. Sin embargo, me sorprendió la abundancia de la gracia en la escucha de las confesiones.
Servir como confesor sigue siendo uno de los aspectos más importantes del sacerdocio para mí porque es en el sacramento del perdón, donde tocamos de una manera muy real y directa la figura de Jesús que predicó el perdón, que vivió y murió por él. Yo esperaba la transformación humana que tiene lugar alrededor de la mesa eucarística y no me decepcionó, pero el poder de la absolución del pecado me dejó sin aliento. Me recuerda constantemente qué indigno soy de ser sacerdote por mi debilidad humana, y, sin embargo me asombra constantemente la obra de amor que Dios hace a través de los que Él ha elegido para ser sacerdotes.

-Usted participó en la bienvenida al Papa a Tierra Santa en mayo. ¿Cómo fue?
Padre Neuhaus: Fui nombrado Vicario del Patriarcado Latino para los católicos de lengua hebrea poco tiempo antes de la visita del Santo Padre, en mayo de 2009. Como miembro de la Asamblea de los Ordinarios locales, yo estaba entre los que podría acompañar cada paso de la visita del Santo Padre. Una visita a Tierra Santa es como caminar en un campo minado, por el conflicto entre los dos pueblos que viven aquí, los judíos israelíes y los árabes palestinos, pero lo más impresionante fue el amor, la solicitud y la profunda preocupación que el Santo Padre irradiada hacia ambos pueblos, y la valentía con la que proclamó el mensaje de esperanza para la reconciliación, la justicia y la paz. Sin duda, los momentos culminantes fueron las cuatro celebraciones de la Eucaristía (Amman, Jerusalén, Belén, Nazaret). En estas ocasiones, el Santo Padre irradiaba la alegría que me había atraído al principio a la Iglesia. Estamos en extrema necesidad de alegría, pues nuestra situación política es motivo de constante ansiedad.

-¿Qué diría a un joven que estuviese hoy discerniendo sobre su vocación al sacerdocio?
Padre Neuhaus: He sido profesor de Escritura en nuestro seminario diocesano durante los últimos diez años. Esto me ha dado la ocasión de hablar a menudo, largamente y en profundidad, con los llamados al sacerdocio. Yo les digo: Necesitamos sacerdotes santos, que reflejen la vida de Dios entre nosotros, como ministros de la presencia de Dios en los sacramentos, y que prediquen la Palabra de Dios con convicción.
Necesitamos sacerdotes que estén llenos de fe, que irradien esperanza, que amen a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, y que vivan en la alegría … sí, la alegría es nuestro testimonio palpable de la victoria sobre el miedo, el pecado y la muerte que Cristo ya ha ganado para nosotros en la resurrección, en un mundo que tiene poca evidencia de esa victoria.

 

“Consumiré mis fuerzas” por la Iglesia en Cuba, afirma el nuevo nuncio

En la misa de inicio de su nueva misión como representante papal.

 El nuevo nuncio apostólico de Benedicto XVI en Cuba ha anunciado que entregará todas sus energías al servicio de la Iglesia en la isla, de la que ha destacado su histórica fidelidad al Papa.

El arzobispo Angelo Becciu pronunció su compromiso el 4 de noviembre, en su presentación que tuvo lugar durante la misa celebrada en la catedral de La Habana con la participación de decenas de sacerdotes, religiosos, religiosas y centenares de fieles, según informa Palabra Nueva, revista de la arquidiócesis capitalina.
“Con gusto consumiré mis fuerzas ofreciendo mi colaboración para que la Iglesia que está en Cuba siga brillando por su histórica fidelidad, también en los momentos más duros, y por su intacta comunión con el obispo de Roma”, aseguró el arzobispo italiano

Monseñor Becciu había arribado días atrás a Cuba, pero su presentación a la Iglesia local tuvo lugar el día que el calendario eclesiástico recuerda a san Carlos Borromeo, y coincidiendo con la Asamblea plenaria del episcopado cubano que se celebra esta semana en La Habana.
La misa fue concelebrada por todos los obispos cubanos y por el arzobispo Claudio Maria Celli, presidente del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, quien se encuentra en la isla respondiendo a una invitación de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba (COCC).

Durante su homilía, tra s agradecer al cardenal Jaime Ortega y al arzobispo de Santiago de Cuba y presidente de la COCC, monseñor García Ibáñez, por la acogida, monseñor Becciu afirmó rendir honor “a este país, cuya historia, cultura, arte, paisajes y sentido de la hospitalidad lo han hecho célebre en mundo”.
“Sobre todo –añadió– rindo homenaje y me inclino frente a esta Iglesia que está en Cuba”, y expresó que los cristianos del mundo conocen a los de Cuba, rezan por ellos y les ven con admiración “por el ejemplo de fortaleza, paciencia y de perseverancia que ofrecen desde hace mucho tiempo”.

El nuevo enviado de Benedicto XVI propuso a la Iglesia en la isla fomentar la virtud de la esperanza, como característica de “la acción y el estado de ánimo de los cristianos cubanos”.
A todos los seminaristas presentes dirigió monseñor Becciu sus palabras finales a los seminaristas para pedirles “que hagan brotar de su corazón una sola palabra: ¡gracias! El Señor ha colocado sobre ustedes su mirada y les ha elegido. Sean conscientes y agradecidos por tal don”.

De Angola a Cuba

Nacido en la localidad italiana de Pattada el 2 de junio de 1948, monseñor Becciu ha sido precedentemente nuncio en Angola en en Santo Tomé y Príncipe desde octubre de 2001.

Monseñor Becciu fue una de las autoridades que recibieron al Papa en el aeropuerto de Luanda el pasado mes de marzo, durante la primera visita de Benedicto XVI a África.
De África, el arzobispo pasa a la nunciatura de Cuba, que existe desde el 11 de septiembre de 1935.
Sucede en la nunciatura apostólica de Cuba a monseñor Luigi Bonazzi, que, tras cinco años en ese cargo, el pasado mes de marzo fue nomb rado nuncio apostólico en Lituania.

Embajador del Papa

El nuncio apostólico, conocido comúnmente como el embajador del Papa, es el representante del pontífice ante el gobierno civil y ante las comunidades católicas existentes en el Estado ante el que está acreditado.
Su tarea principal consiste en hacer más eficaces y sólidos los vínculos de unidad que existen entre la Santa Sede y las Iglesias particulares en el ámbito del territorio al que ha sido destinado. 

También debe promover y sostener las relaciones entre la Santa Sede y las autoridades del Estado, evitando hacer política o entrometerse en asuntos internos. 
Una de sus atribuciones particulares afecta al nombramiento de los obispos del país en el que trabaja. A él le corresponde transmitir o proponer a la Sede Apostólica los nombres de los candidatos, así como instruir el proceso informativo de los que han de ser promovidos, según las normas dadas por la Sede Apostólica.