Anglicanos en la Iglesia católica

Monseñor Adolfo González, presidente de la Comisión Episcopal española de Relaciones Interconfesionales.

 Publicamos la carta que ha escrito monseñor Adolfo González Montes, obispo de Almería y presidente de la Comisión Episcopal española de Relaciones Interconfesionales, con motivo del anunciado regreso de anglicanos al seno de la Iglesia católica.

La noticia de una Constitución Apostólica de Benedicto XVI, disponiendo algunas medidas de acogida de los anglicanos que han pedido ser recibidos en la Iglesia Católica, responde a la gran preocupación del Papa por la unidad cristiana como Pastor de la Iglesia universal.

Se trata de una decisión que hay que valorar por su verdadera intención y objetivo. No es el resultado de una estrategia católica de carácter proselitista, que pretendiera dividir la Comunión Anglicana y debilitar aún más su crítica situación interna. El proselitismo ha sido rechazado como método para la reconstrucción de la unidad visible de la Iglesia y, en sí mismo, un método equivocado y, en consecuencia, contrario al ecumenismo genuino. El diálogo ecuménico avanza hacia la unidad visible sólo respetando la fe de cada Iglesia, en búsqueda de la verdad plena de fe. El Vaticano II declara que la Iglesia una y santa que Cristo fundó “subsiste en la Iglesia Católica” en plenitud de medios de salvación, sin negar los elementos de eclesialidad de otras Iglesias y comunidades eclesiales.

La Constitución Apostólica que reglamentará la entrada de anglicanos en la Iglesia Católica creará “Ordinariados diocesanos” análogos a los Ordinariados militares, o tal vez los Vicariatos que el Código prevé “por razón del rito” para los católicos orientales, con el propósito de acoger a estos fieles sin que tengan que renunciar a la forma histórica de tradición espiritual, litúrgica y disciplinar del anglicanismo. Habrá que esperar a la Constitución anunciada.

Es importante destacar que la entrada de tantos anglicanos a la Iglesia Católica no hubiera sido posible sin la convergencia doctrinal lograda por el diálogo ecuménico entre católicos y anglicanos de los últimos cuarenta años.

Lo reconoce explícitamente la Declaración del día 20 de octubre del Arzobispo católico de Westminster, Vincent G. Nichols, y el Ar zobispo anglicano de Cantorbery, Rowan Williams. Estos anglicanos que llegan a la Iglesia Católica son en su mayoría anglocatólicos de la llamada “ala alta”, que forma parte del ordenamiento eclesiástico del anglicanismo junto con el “ala baja” o evangélica. Sin embargo, no han pedido la comunión católica por esta sola razón, sino porque, además de esto, vienen experimentando que la crisis dogmática y disciplinar del anglicanismo pone gravemente en peligro la común tradición de fe apostólica, que ha hecho posible la convergencia doctrinal lograda durante las últimas décadas gracias al diálogo ecuménico entre Roma y Cantorbery, oficialmente desarrollado por la Anglican Roman Catholic Commission (ARCIC) y la International Anglican Roman Catholic Commision (IARCCUM).

Estos anglicanos han experimentado en sus carnes el ries go del cambio eclesial propiciado por el progresismo ideológico que afecta al anglicanismo, poniendo en peligro la estructura sacramental de la fe no menos que la moral y la disciplina eclesiástica. Un cambio, pues, que afecta al “acuerdo sustancial” logrado gracias al diálogo ecuménico, que hacía albergar a católicos y anglicanos la esperanza de avanzar con seguridad hacia la unidad visible de la Iglesia.

Con todo, los dos arzobispos mencionados reconocen, en su Declaración, que “la marcha oficial del diálogo entre católicos y anglicanos provee las bases para su continuidad y cooperación de ambas Iglesias”, porque hay voluntad de proseguir dialogando. Roma quiere salvaguardar los derechos de la conciencia personal, que no pueden supeditarse al ritmo y resultados del diálogo ecuménico, que Roma desea proseguir y estimular.

 

«Ninguna mujer quiere abortar y sólo lo hace si no tiene otra alternativa»

«Ninguna mujer quiere abortar y sólo lo hace si no tiene otra alternativa»
Sor Aurora, en la Casa Cuna de Valencia.

 
-Todo empezó en Barcelona.
-Sí, en Barcelona, cuando tenía 17 años. Me había ido allí desde Galicia detrás de un chico.
 
-¿Detrás de un chico?
-Sí, sí, detrás de un chico, que yo ya llevo mucho recorrido. El chico, que era de mi pueblo, había emigrado a Barcelona y yo fui para allá, aunque en esos momentos dudaba entre casarme o ser religiosa. Dio la casualidad de que íbamos los dos por la plaza Urquinaona y al llegar a la altura del metro, en el hueco de un árbol, vimos dos niños recién nacidos allí tirados, muertos, con el cordón umbilical. Eso para mí fue como lo de San Pedro, cuando cayó del caballo.
 
-San Pablo.
-San Pablo, San Pablo. Es que mi parroquia es San Pedro y tengo mareado al pobre. Bien, pues no pude soportar la visión de aquellos niños recién nacidos. Y le dije al chico: mira, José María (él ahora está casado, tiene sus hijos, incluso hace poco que nos hemos visto allí en el pueblo), mira, José María, le dije, me ha dado un vuelco el corazón y creo que estoy obligada a defender a estos niños como sea. Y puesto que en Barcelona estaba el centro de madres solteras y gestantes le dije: tú búscate la vida como puedas, que yo ya la tengo buscada. Yo de ahora en adelante me voy a dar al Señor para que estos niños que están aquí tengan vida; voy a dar mi vida para que estos niños tengan vida.
 
-E ingresó en la orden.
-Me decían quienes me conocían que no iba a durar, que era muy trasto, pero ha sido al revés: las que eran un poquito piadositas son las que acabaron marchándose.
 
-Ya han pasado muchos años en la Casa Cuna, ¿cómo recuerda el principio?
-No teníamos Seguridad Social, no teníamos nada. Los partos se realizaban en casa, muchas chicas eran ocultas.
 
-¿Chicas ocultas?
-Se refugiaban aquí porque el novio o el compañero no querían saber nada. Ni los padres. Venían aquí a esconderse. Llegamos a tener 58 chicas, demasiadas. Ahora no se puede admitir esa cifra.
 
-¿Por qué?
-Entonces se admitía porque la gente también era más dócil. Ahora vienen muy marginadas, muy deterioradas. Y eso que entonces llevábamos una mala política: sólo recogíamos a la chica la primera vez que estaba embarazada; si volvía a estarlo, aquí ya no podía venir.
 
-No había segunda oportunidad.
-Era un error. Luego nos hemos dado cuenta de que nuestra misión es defender la vida y hay que acoger al primer hijo, al segundo o al tercero, porque la criatura no tiene la culpa de nada.
 
-Supongo que el perfil de las chicas ha cambiado mucho en estos 44 años que lleva usted en Valencia.
-Sí, claro. Antes eran fundamentalmente españolas. A veces muy jovencitas… Hemos tenido casos tremendos, como el de aquella chica, de la que me acuerdo perfectamente, que cumplía el mismo día los 13 años y los nueves meses de embarazo.
 
-Vaya.
-Espera, espera: era la mayor de cinco hermanas y se negaba a ver a su padre cuando este venía a visitarla. Un día la pobre no pudo aguantar más y reventó: confesó que la había violado su padre. Yo ya lo he pasado, decía, pero temo por mis hermanas menores. Dimos parte y metieron al hombre en la cárcel.
 
-Cada persona una tragedia.
-Hemos tenido de todo. Desde estos casos así, hasta universitarias con carreras. A veces estas decían a sus padres, para despistar, que iban al extranjero a trabajar. Estas no eran menores de edad, claro. Estas chicas, que tenían un nivel más elevado, escribían a nuestras hermanas europeas y ellas allí quitaban el sobre y remitían las cartas a España para que sus padres creyesen de verdad que se encontraban en Europa al ver el sello.
 
-Ahora es distinto.
-Totalmente. Ahora están menos cualificadas que entonces: algunas no saben leer, otras no saben español… Pero ahora vamos todos al hospital y antes daban a luz aquí, con el doctor Aviñó y el pediatra García Sala. Ahora tenemos otros problemas, por ejemplo, las que son drogodependientes.
 
-¿Qué hacen con una drogodependiente?
-Tener mucho cuidado. El año pasado tuvimos unas chicas que se drogaban, aunque al principio nos lo negaban. Pero, claro, llegó el momento que notábamos que había algo raro, algo que no cuadraba. Las vigilamos y descubrimos que cogían trapos húmedos y los ponían en los detectores de humo. Cuando llegábamos después olía a los olores estos que ya se sabe más o menos…, vamos, que olía a porro.
 
-¿Usted sabe cómo huelen los porros?
-Ya tengo una experiencia. Nos han enseñado, con charlas y todo, pero sobre todo es que lo hemos vivido. Estas dos o tres que se tomaban el porrete por las noches le rompieron el brazo a una educadora.
 
-¿Y qué hacen con estas chicas?
-Avisamos a Conselleria y las ayudan allí. Y sin embargo, aunque ahora son menos dóciles, las mujeres tienden más a quedarse con su hijo. Cuando empezamos era lo contrario: chicas bien que querían continuar la carrera, que querían volver a la familia, que el novio no sabía nada… Entonces tendían a dejar a los niños en adopción.
 
-¿Cómo acaban viniendo las chicas a la Casa Cuna?
-A través de Cáritas, de Cruz Roja, de trabajadoras sociales, de quienes nos conocen. O porque nos han visto en internet. Y luego también hay otra cosa muy importante: nos anunciamos en las Páginas Amarillas entre las clínicas abortivas. Y nos llaman confundidas: ¿Es la Clínica Santa Isabel? Es que quiero abortar y no sé cuánto me va a costar.
 
-¿De quién fue la idea?
-Pues no sé. Del Espíritu Santo. Les decimos que vengan y aquí les explicas el abanico de posibilidades que tienen para salir adelante: que pueden estar aquí todo el tiempo de gestación, dar aquí a luz, permanecer aquí durante un año, que hay una escuela infantil para los pequeños y unos talleres de aprendizaje para ellas, que les enseñamos a hacer un currículo. Y entonces ellas se desploman: ¡Y me habían dicho que no había otra alternativa, que sólo me quedaba abortar!
 
-Supongo que es cuando más se enorgullecen de su labor.
-Nos basamos en que ninguna mujer quiere abortar y sólo aborta si no tiene otra alternativa. Está sola, en la calle… Si las ves por la calle se nota, yo lo noto, que están pidiendo auxilio.
 
-¿Siempre hay sitio?
-Mira: si viene una adolescente que está en peligro de abortar, la alojamos aunque nos quedemos sin cama las monjas. Antes nos quedamos nosotras sin cama, que permitir que se quede en la calle una chica a la que están presionando para abortar.
 
-¿Ha ocurrido realmente?
-Pues alguna vez sí. Alguna monja, ¿eh? Tampoco todas.
 
-Lo que ustedes fundamentalmente necesitan es dinero.
-Mucho. Porque ellas vienen sin nada, ni siquiera documentación porque están de forma ilegal en España. Tenemos chicas de todas las religiones, de todos los partidos, de todas las razas, de todas las nacionalidades. Nosotras no escogemos el perfil, sino que cogemos a la persona.
 
-¿Dónde consiguen el dinero?
-De la Providencia. Hay gente que viene y que ayuda con 20 euros o con 50, con lo que puede. Y luego tenemos otras plazas que las paga la Conselleria. También los bancos: Bancaja, la CAM, Cajamurcia, que nos acaba de regalar una furgoneta.
 
-No siempre ha habido bancos detrás.
-A veces lo hemos pasado muy mal. Del 65 al 67 nadie nos ayudaba y teníamos que pagar la nueva casa. Íbamos por las eras a pedir arroz, por las casas a pedir limosnas; a Onteniente, cuando era el momento de la cosecha de garbanzos. Pasando hambre, pasando mil cosas.
 
-Y ahora con la crisis.
-Hay más afluencia. Antes tenían más medios, pero ahora el paro… Algunas están internas en las casas, pero las señoras las aguantan hasta última hora del embarazo y entonces las echan y ahí se las den todas.
 
-Al cabo de los años, supongo que también habrá alegrías.
-Muchas alegrías. Muchos niños que nacieron aquí nos escriben dándonos las gracias. Aunque también hay hijos que buscan a su madre y el problema es que sus madres no los buscan a ellos. Y nosotras no lo podemos saber: por aquí han pasado miles y miles de mujeres.
 
-¿No sabe el número exacto?
-Es difícil. Unas 1.500 o así. Y claro, como aquí cambiaban los nombres no quedaba nada. No es como ahora que sí que queda todo reflejado. Especialmente hay un chico que nació aquí y fue adoptado y que da mucha guerra porque es abogado.
 
-El que la denunció.
-Huyyy, madre mía. Un desastre.
 
-Cuente cuente.
-Estábamos en un corro coloquial con el presidente Camps, con Rita (Barberá) y otros cuantos. Le dije a Rita que me gustaría mucho volver al antiguo torno, aunque con otro nombre, para evitar que tiren a los recién nacidos a la basura. Alguien de detrás debía estar escuchando y grabándonos. Ay, madre mía. Al día siguiente me llamaron para decirme que, según un periódico, el abogado me había denunciado. Me acusaba de incitar a las mujeres a que abandonasen los hijos.
 
-Usted vive la vida muy de cerca.
-Y tanto. Ves tantas cosas, tantas injusticias. Hay tanta gente tan necesitada que no te importa quedarte sin comer para darles de comer. Incluso mujeres casadas vienen ocultamente: Madre, es que no tengo para el pan. Esto las monjas no lo saben y no quiero que lo comentes, pero acabas dándoles dinero. Es que te parten el alma. Pero bueno, Señor, unos tanto y otros tan poco.
 
-¿Qué es lo que no quiere que sepan las monjas?
-Que les doy dinero. Bueno, dilo si quieres. Ellas ya saben que les doy dinero, aunque no saben cuánto.
 
-Usted lee periódicos, ve la tele.
-La tele poco. Escucho la radio. Sólo cuentan desastres. Antes me gustaba ver las noticias, pero ahora. Críticas por aquí, pestes por allá. Positivo no ven nada
 
-Pregunta provocadora: ¿qué le parecen los 94 millones de euros pagados por un futbolista?
-No sé cuánto es eso. No sé ni cuánto es un millón. Vaya burrada. ¿Pero de dónde sacan los millones? ¿Es que los tienen enterrados en el sótano?
 
-Se supone que los pagan los aficionados yendo al campo, a través de la publicidad, abonándose a canales de televisión.
-No seré yo. Y eso que me gusta que gane el Valencia, porque mi sangre viene de Galicia pero yo soy valenciana. A mí el che me sale hasta sin querer. Tienes que ser de donde te dan de comer.
-Creo que más da usted que recibe.
-No, no. Mira: lo mejor de estas señoras a las que les das algo es que después te devuelven el triple; o vas al buzón y encuentras un sobre… No me digas que eso no es emocionante: manos que no dais, qué esperáis.

La libertad religiosa retrocede en Occidente (2)

El laicismo se está convirtiendo en un problema para la libertad religiosa en España y en países latinoamericanos como Venezuela o Colombia, afirma el presbítero español Pedro María Reyes Vizcaíno, autor de e-libertadreligiosa.net, una página que recoge noticias y reflexiones de todo el mundo acerca de esta cuestión.
Reyes Vizcaíno es licenciado en derecho por la Universidad Autónoma de Madrid y doctor en derecho canónico por la Universidad de Navarra. Ordenado sacerdote en 1992, actualmente reside en Argentina. Es también el autor de Ius Canonicum, una página web de consulta sobre cuestiones de Derecho Canónico.
Al margen de su actividad como canonista, se dedica a investigar sobre libertad religiosa “por propio interés”, en un campo que, en su opinión, requiere mayor atención por parte de la opinión pública.

-¿Cuáles son las agresiones más frecuentes a la libertad religiosa?

Pedro Reyes: En un primer ámbito se deben citar los atentados violentos a la libertad religiosa. En los países de tradición musulmana la libertad religiosa está ausente en muchos ámbitos. Arabia Saudí es el ejemplo más lacerante porque está prohibido el culto no musulmán incluso en privado y en la intimidad del hogar. Quien tenga una cruz en su casa se arriesga a graves penas. No es un problema pequeño: algunas fuentes calculan que hay alrededor de un millón de cristianos residentes en aquel país, sobre todo filipinos y otros inmigrantes asiáticos y de Europa Oriental.

En casi todos los demás países musulmanes, por presión de grupos islámicos radicales, se están aprobando leyes muy restrictivas de la libertad religiosa. En Paquistán existen leyes anti blasfemia que dejan indefensos a los cristianos ante cualquier acusación, en Argelia y Egipto hay leyes anticonversión, en Iraq están siendo expulsados del país, en Marruecos han expulsado a un grupo de cristianos evangélicos por el delito “de proselitismo religioso”, etc.
En la Ind ia los no hindúes cada vez tienen más difícil su libre desarrollo. Varios Estados han aprobado leyes anticonversión, y lo que es más grave, en el verano de 2008 grupos hindúes radicales lanzaron una violenta persecución contra los cristianos en el Estado de Orissa que dejó más de 500 muertos según algunas fuentes. Es llamativo que estos hechos apenas tengan eco en los medios de comunicación occidentales.

En China existe actualmente una Iglesia de las catacumbas, que es la Iglesia Católica fiel a Roma que no acepta a los obispos impuestos por el régimen. Además es conocido que en este país los budistas de Tibet tienen muy restringida la libertad de culto.
Hay otro ámbito en que se ha asistido a un retroceso en la libertad religiosa, y es en los países occidentales. Como ya ha quedado indicado en ellos se está difundiendo cierta mentalidad laicist a que es contraria a la libertad religiosa.

No me refiero al sano laicismo que propugna la separación de la Iglesia y el Estado sin mutuas injerencias y con respeto a sus respectivas funciones en la sociedad, el cual me parece encomiable. Como ha dicho Benedicto XVI, “es fundamental, por una parte, insistir en la distinción entre el ámbito político y el religioso para tutelar tanto la libertad religiosa de los ciudadanos, como la responsabilidad del Estado hacia ellos y, por otra parte, adquirir una más clara conciencia de las funciones insustituibles de la religión para la formación de las conciencias y de la contribución que puede aportar, junto a otras instancias, para la creación de un consenso ético de fondo en la sociedad” (Benedicto XVI, Discurso ante las autoridades del Estado en el Palacio del Elíseo en París, 14 de septiembre de 2008).

El laicismo radical que es contrario a la libertad religiosa pretende encerrar la fe religiosa en el ámbito privado, como si la fe no tuviera manifestaciones externas. En los países occidentales se ven ejemplos de este laicismo todos los días: por ejemplo, cuando se critica a los obispos porque dan orientaciones a los católicos sobre leyes del aborto o de matrimonios homosexuales (como si hubiera leyes que prohibiera a los obispos, y solo a ellos, opinar sobre las leyes), o cuando se pide a los ciudadanos o a los diputados que voten con independencia de sus creencias.
Según el Papa, “no se puede limitar la plena garantía de la libertad religiosa al libre ejercicio del culto, sino que se ha de tener en la debida consideración la dimensión pública de la religión y, por tanto, la posibilidad de que los creyentes contribuyan la construcción del orden social” (Benedicto XVI, Discurso en la Asamblea General de las Naciones Unidas del 18 de abril de 2008).

-Hablando concretamente sobre la nueva ley de libertad religiosa en España, que los católicos miran en general con recelo, ¿en qué van a cambiar las cosas?

Pedro Reyes: Realmente es difícil juzgar la intención del Gobierno al anunciar esta nueva ley, pues la anunció hace más de un año y aún no se conoce el proyecto. Únicamente conocemos ciertas declaraciones vagas de la Vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, afirmando que garantizará mejor el ejercicio de este derecho o que promoverá la sana laicidad del Estado. Estas declaraciones son lo suficientemente ambiguas como para que no sea posible emitir un juicio.
Solo ha revelado un punto concreto, y es que la nueva ley plantea retirar todos los símbolos religiosos que existan en colegios e institutos públicos, a excepción de aquéllos que tengan valor histórico o artístico. Considero una discriminación contra los cristianos esta medida, pero no es un gran cambio. Supongo que el proyecto de ley que el Gobierno está preparando tendrá reformas más importantes.

La prevista reforma de la Ley Orgánica de Libertad Religiosa de 1980 deberá tener en cuenta en cualquier caso la Constitución Española de 1978, que en su artículo 16 “garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley” y ordena a los poderes públicos tener en cuenta “las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones”.

Si el Gobierno con la nueva ley realmente pretendiera desarrollar la Constitución de acuerdo con las exigencias actuales y a la luz de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, promovería el laicismo sano y limitaría el laicismo radical. Deseo que sea así, pero habrá que esperar a que se presente el proyecto para emitir un juicio.

-Parece que en América Latina avanza un laicismo cada vez más agresivo, especialmente en Venezuela, Colombia etc. ¿Cuáles son sus causas?

Pedro Reyes: En América Latina se desarrollan tendencias intelectuales procedentes de otros continentes, sobre todo de Europa Occidental. En términos generales el laicismo de América Latina pretende expulsar a la Iglesia Católica del ámbito público, como en el resto del mundo. Sin embargo en cada país tiene sus matices consecuenci a de la peculiar historia de cada nación. No es lo mismo el laicismo de Uruguay -que hunde sus raíces en la fundación de la República- que el laicismo en Costa Rica, que proclama la religión católica como religión oficial en el artículo 75 de su Constitución.

El laicismo de Latinoamérica también tiene fuentes propias derivadas del indigenismo. Cada vez se aprecia más el legado cultural de los pueblos originarios de América y por ello se tiende a rechazar cualquier intervención cultural venida de culturas exteriores, particularmente de las naciones colonizadoras. Los indigenistas más radicales incluyen entre ellas el aporte de la evangelización.

Sorprende que los mismos grupos que rechazan a la Iglesia Católica por no pertenecer al legado de los pueblos históricos, aceptan sin ningún espíritu crítico los valores que ahora se difunden desde Europa como la anticoncepción, el aborto, etc., a pesar de que con estas doctrinas se está produciendo una auténtica colonización cultural.

-¿De donde partió su idea de hacer una página web sobre libertad religiosa, usted que es un canonista?
Pedro Reyes: Comencé esta página web en primer lugar como una contribución para luchar contra el laicismo radical, puesto que cada vez es más agresivo. También pensé que sería una oportunidad de ayudar a tantos hermanos en la fe que actualmente están sufriendo violencia por su fe y lo soportan con gran fidelidad a Cristo. Pensé que una buena ayuda era difundir en la opinión pública esos ataques violentos.
Después de estos años me he dado cuenta de que esta motivación, que la tenía en segundo lugar, es cada vez más urgente. Dios quiera qu e pronto la página web se haga innecesaria porque hayan cesado las violencias por causa de la fe.

 

El Papa se reunirá con el Primado de la Iglesia Anglicana el 21 de noviembre

Es la primera cita desde que el Vaticano abrió sus puertas a los anglicanos

 

 

 

La Constitución Apostólica prevé la ordenación de clérigos anglicanos casados 

 Según la Santa Sede, el encuentro estaba programado antes de la polémica

  Ciudad del Vaticano

 El Papa Benedicto XVI se reunirá el próximo 21 de noviembre con el Primado de la Iglesia Anglicana, Rowan Williams, en el primer encuentro, tras el anuncio del Vaticano, de abrir las puertas de la Iglesia Católica a todos los anglicanos que lo deseen, confirmaron fuentes de la Santa Sede.

 La reunión entre el Papa Ratzinger y el arzobispo de Canterbury se celebrará en el Vaticano y, según las mismas fuentes, el encuentro estaba ya programado antes de que el pasado 20 de octubre la Santa Sede anunciase la aprobación de una Constitución Apostólica (norma de máximo rango) para permitir la entrada de los anglicanos.

 Rowan Williams, que ya se ha encontrado en otras ocasiones con Benedicto XVI, participará en la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma en los actos conmemorativos del centenario del nacimiento del cardenal Johannes Willebrands, fallecido en 2006.

 Willebrands fue uno de los artífices del ecumenismo y presidente del Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos de 1969 a 1989.

 El pasado 20 de octubre, el Vaticano anunció su disposición a acoger en la Iglesia Católica a todos los anglicanos que lo deseen y, para ello, ha aprobado una Constitución Apostólica que prevé, entre otras, la ordenación de clérigos anglicanos ya casados como sacerdotes católicos.

 También contempla la concesión a los grupos anglicanos que vuelvan al redil de Roma de prelaturas personales, similares a los ‘Ordinariatos Castrenses’ (obispos o prelado con competencias no territoriales), que permitirán a esos fieles entrar en plena comunión con Roma conservando su tradición.

 De momento se desconoce el número exacto de anglicanos que desean pasarse a Roma, aunque, según fuentes vaticanas, puede rondar sobre el medio millón.

 Las mismas fuentes señalaron que entre 30 y 50 obispos, así como un centenar de parroquias, han mostrado su deseo de entrar en la Iglesia de Roma, que abandonaron en 1534 cuando el Rey de Inglaterra y Señor de Irlanda Enrique VIII (1491-1547) no logró del Papa Clemente VII (1478-1534) la anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón y creó la Iglesia de Inglaterra, de la que se proclamó Jefe.

 Los anglicanos son unos 77 millones y en los últimos años su Iglesia ha vivido momentos de crisis y de fuerte división interna, debido a la ordenación de mujeres como obispos y de homosexuales declarados también como obispos y la bendición de los matrimonios entre personas del mismo sexo.