Obispo congoleño en lágrimas denuncia el secuestro de sacerdotes

Monseñor Maroy Rusengo tiene que dejar el Sínodo tras la quema de una iglesia

 Un obispo ha conmovido a la asamblea del Sínodo de los Obispos de África al denunciar –con lágrimas en los ojos– el secuestro de sus sacerdotes o la recentísima quema de una de sus iglesias en medio del conflicto armado que tiene lugar en la República Democrática del Congo.
Por este motivo, para monseñor François Xavier Maroy Rusengo, arzobispo de Bukavu, su participación en el Sínodo termina ahora. Lo antes posible, quizá cuando el lector lea estas líneas, habrá tomado un avión para regresar a su diócesis y acompañar y consolar a la comunidad católica local aterrorizada.
“Mientras nosotros tomamos la palabra en esta Asamblea, los agentes pastorales de nuestra diócesis están preocupados por los enemigos de la paz”, explicó en la tarde de este martes a la asamblea el obispo de 53 años, originario de Bukavu.

“Una de las parroquias de nuestra archidiócesis fue incendiada el viernes 2 de octubre de 2009, algunos sacerdotes fueron molestados, otros tomados como rehenes por hombres en uniforme, los cuales exigieron un elevado rescate que nos vimos obligados a pagar para salvar la vida de nuestros sacerdotes, que ellos amenazaban con masacrar”, añadió con la voz entrecortada por el dolor.

El obispo sabe muy bien lo que se juega, pues su predecesor, monseñor Christophe Munzihirwa, fue asesinado en 1996 por su toma de posición durante la guerra congoleña, cuando gritó que ninguna lógica política vale más que la persona humana.
“Por estos gestos, la Iglesia es el único apoyo que le queda a un pueblo aterrorizado, humillado, explotado y dominado, que querrían reducir al silencio”, aseguró el prelado, quien terminó su intervención con una súplica que conmovió a los presentes: “¡Señor, hágase tu voluntad, que tu reino de paz llegue pronto!”.
Los padres sinodales no han quedado indiferentes. Ante todo, el cardenal el presidente delegado de esa congregación general del Sínodo, el cardenal Wilfrid Fox Napier, O.F.M., arzobispo de Durban (Sudáfrica), aseguró a monseñor Rusengo la oración de la asamblea.
Posteriormente, cuando llegó el turno de las intervenciones libres de los obispos, varios de ellos se apresuraron a transmitir su solidaridad a su hermano en el orden episcopal.

Monseñor Rusengo, en su intervención, explicó que por la experiencia de violencia que vive su país, “consideramos que la reconciliación no debe limitarse únicamente a la armonización de las relaciones interpersonales”.
“Ineluctablemente debe tomar en consideración las causas profundas de la crisis de las relaciones, que se sitúan en el ámbito de los intereses y los recursos naturales del país, que habría que explotar y gestionar con transparencia y equidad en beneficio de todos; ya que la causa de la violencia en el Este de la República Democrática del Congo son, esencialmente, los recursos naturales”, aseguró.
El prelado considera que es decisiva la atención a los jóvenes, a quienes la Iglesia propone “actividades recreativas y culturales que puedan favorecer la reconciliación en su ámbit o, gracias a la implicación de todos y cada uno de ellos en la reconstrucción de los ambientes en los que viven”.

“Este enfoque hay que entenderlo como una respuesta a los traumatismos comunitarios a menudo olvidados, con el fin de que las personas sean responsables y actores de un cambio positivo”, aclaró.
Para evitar la violencia, el prelado consideró que es necesario reforzar “la educación en la base y la organización de las poblaciones con vistas a una mayor responsabilidad comunitaria”.
“A su vez, requiere que se habiliten los espacios y se creen los marcos de intercambio y de diálogo para una participación eficaz de la población en la gestión de las riquezas, que deben contribuir a partir de ahora a la reconstrucción, el desarrollo, la reconciliación y a una cohabitación pacífica”, indicó.

La diócesis de Bukavu cuenta con algo más de 1 millón 700 mil habitantes, de los cuales el 53.2% son católicos. Su catedral es de por sí un programa, pues está dedicada a Nuestra Señora de la Paz.
En Bukavu se perpetraron numerosas violaciones, matanzas y crímenes de guerra entre 1996 y 2006 por parte de las tropas de los militares rebeldes pertenecientes al Reagrupamiento Congoleño para la Democracia (RCD), en especial el general Laurent Nkunda y el coronel Jules Mutebesi.

Los horrores de África en el aula del Sínodo

Horrores de África, como el tráfico de personas, los abusos de las multinacionales y ONGs, e incluso el drama de chicas jóvenes que al salir de congregaciones religiosas caen en la prostitución, están conmocionando el aula del Sínodo que congrega a obispos de África.
El ambiente de fraternidad y frecuentemente de buen humor africano choca brutalmente en ocasiones con la dureza de las situaciones que tiene que afrontar esta cumbre episcopal en la que Benedicto XVI participa con toda la asiduidad que le permiten sus responsabilidades.
Para respetar la libertad del debate entre los obispos, cuando se trata de intervencione s espontáneas, a los periodistas se les revela el contenido de la intervención pero no el nombre del padre sinodal. De este modo su nombre y propuesta no acaban en los periódicos al día siguiente, quitando confidencialidad o libertad a la discusión.
Monseñor Joseph Bato’ora Ballong Wen Mewuda, portavoz del Sínodo para la lengua francesa, ha revelado algunas de las denuncias u horrores que han maniestado los 23 padres sinodales que tomaron la palabra en el libre intercambio del martes por la tarde, en el que el Papa no pudo participar, pues debía preparar su catequesis de la audiencia general de este miércoles.

Preocupación por los jóvenes
En esta sesión el argumento más tratado fue el de la situación de los jóvenes africanos, pues los prelados se dan cuenta de que la Iglesia tiene que reflexionar mucho más en la manera en que puede acerca rse a ellos. Con demasiada frecuencia, se denunció, son víctimas de las sectas fundamentalistas.
Se constató, al mismo tiempo, que para los obispos es prácticamente imposible detener el éxodo de jóvenes africanos que buscan una vida mejor en el extranjero, en particular en Occidente.
Ante esta situación, consideran que al menos pueden prepararles para afrontar con la emigración otras culturas, y mentalidades, así como formarles en la doctrina social de la Iglesia. No todo es negativo, han reconocido los prelados, pues algunos de estos jóvenes descubren o redescubren su fe en los países de acogida.

De la vida religiosa a la prostitución
Uno de los prelados ha denunciado la situación de jóvenes católicas africanas que, movidas por una curiosidad vocacional por la vida religiosa, acuden a Europa para discernir su futuro en el seno de algun monasterio o comunidad religiosa.
Se ha dado algún caso, denunció el padre sinodal, en el que alguna chica no se ha integrado en la vida religiosa, abandonando la comunidad, y quedando a su merced después en algún país desconocido europeo, cayendo en las redes de la prostitución.
Por este motivo, se explicó en el aula, que en un país, la República Democrática del Congo, la Conferencia Episcopal ha establecido que las jóvenes que quieren entrar en una comunidad religiosa sólo podrán hacerlo si esa comunidad cuenta con una presencia y comunidad en este país.
De esta manera siempre se mantendrá un contacto con la realidad del propio país en caso de que la joven no continúe en la vida religiosa. En otros países de África, los obispos aconsejan esta práctica, aunque no la han asumido como obligatoria.
De todos modos, cuando una joven viaja a Europa para entrar en una comunidad religiosa, se da un proceso de permisos de la autoridad eclesiástica para evitar en la medida de lo posible este tipo de problemas.

Organizaciones no muy humanitarias
Otros de los obispos han denunciado que algunas ONGs, tan admiradas en occidente, en realidad se convierten en tapaderas de agendas escondidas o incluso secretas.
Están invadiendo el continente africano con el pretexto de ofrecer ayuda humanitaria, pero en realidad lo que buscan es promover ideologías, se ha afirmado.
Monseñor Ballong Wen Mewuda explicó que los obispos no fueron explícitos a la hora de desenmascarar estas ideologías, pero consideró que podrían referirse a las ONGs que buscan promover la “salud reproductiva” (el aborto), o que son coberturas de las sectas.
En este sentido, un padre sinodal hizo referencia a un artículo publicado por la revista “Jeune Afrique”, en el que se revelaba que hay gurús de sectas que se convierten en consejeros de políticos, o incluso presidentes, y que han contribuido a la adopción de decisiones nefastas.

Multinacionales explotadoras
Varios obispos, al menos cuatro, han pedido también que el Sínodo alce la voz contra los abusos de multinacionales presentes en África, que explotan de manera abusiva los recursos mineros, los bosques, y contaminan el agua, provocando daños graves en las poblaciones locales.
En algunas zonas a las que han llegado estas empresas explotan los recursos, pero no han hecho nada por crear escuelas, hospitales, o agua potable, se constató.
Padres sinodales han pedido que se denuncie no sólo a estas multinacionales sino también a los político s locales, que han permitido su implantación o la han atraído sin tener en cuenta los daños que ahora sufren por este motivo los africanos.
Se ha denunciado también la creciente invasión de China en el continente africano, que está construyendo carreteras u obras públicas en numerosos estados africanos, a cambio de requeridas materias primas, con personal chino que vive prácticamente en condiciones de esclavitud.

Buen humor
Como sucede con frecuencia en África, todos estos dramas no quitan la esperanza a los obispos ni tampoco el buen humor.
Los presidentes delegados de la asamblea, en particular el cardenal Francis Arinze, prefecto emérito de la Congregación para el Culto Divino, y el cardenal Wilfrid Fox Napier, O.F.M., arzobispo de Durban (Sudáfrica), suelen arrancar sonrisas entre la asamblea con sus comentarios de transición antes de dar la palabra a algún obispo.
Cuando un obispo es breve, y acaba su intervención antes del tiempo asignado, es acogido con un sonoro aplauso, que no sólo es un premio, sino también una incitación a que el siguiente también sea lo más breve posible.
Se dan escenas divertidas de la vida cotidiana, como por ejemplo cuando se ha pedido que el obispo que ha perdido su solideo o un cinturón pase a recogerlo por secretaría.
El Papa sonríe en estas ocasiones y, respetando a la metodología del Sínodo, sólo ha intervenido para ofrecer su primera meditación sin papeles y para ofrecer un saludo espontáneo de despedida al final de las sesiones.

Intervenciones de los Padres Sinodales

Monseñor François Xavier Maroy Rusengo, arzobispo de Bukavu (República Democrática del Congo)

 Partiendo de los estragos causados por las guerras y la violencia en el Este de nue stro país, la República Democrática del Congo, y especialmente en nuestra archidiócesis de Bukavu, consideramos que la reconciliación no debe limitarse únicamente a la armonización de las relaciones interpersonales. Ineluctablemente debe tomar en consideración las causas profundas de la crisis de las relaciones, que se sitúan en el ámbito de los intereses y los recursos naturales del país, que habría que explotar y gestionar con transparencia y equidad en beneficio de todos; ya que la causa de la violencia en el Este de la República Democrática del Congo son, esencialmente, los recursos naturales.

Recordamos el trabajo que al respecto está llevando a cabo la comisión “Justicia y Paz” en la archidiócesis de Bukavu para que se llegue a la reconciliación mediante la reconstrucción comunitaria.
El objetivo es ayudar a la gente a reconciliarse entre ellos y con su historia, y a comprometerse en construir juntos un nuevo futuro.
Se dedica especial atención a los jóvenes. Para ellos, proponemos actividades recreativas y culturales que puedan favorecer la reconciliación en su ámbito, gracias a la implicación de todos y cada uno de ellos en la reconstrucción de los ambientes en los que viven.

Este enfoque hay que entenderlo como una respuesta a los traumatismos comunitarios a menudo olvidados, con el fin de que las personas sean responsables y actores de un cambio positivo. Requiere que se refuerce la educación en la base y la organización de las poblaciones con vistas a una mayor responsabilidad comunitaria. A su vez, requiere que se habiliten los espacios y se creen los marcos de intercambio y de diálogo para una participación eficaz de la población en la gestión de las riquezas, que deben contribuir a part ir de ahora a la reconstrucción, el desarrollo, la reconciliación y a una cohabitación pacífica.

Mientras nosotros tomamos la palabra en esta Asamblea, los agentes pastorales de nuestra diócesis están preocupados por los enemigos de la paz. Una de las parroquias de nuestra archidiócesis fue incendiada el viernes 2 de octubre de 2009, algunos sacerdotes fueron molestados, otros tomados como rehenes por hombres en uniforme, los cuales exigieron un elevado rescate que nos vimos obligados a pagar para salvar la vida de nuestros sacerdotes, que ellos amenazaban con masacrar. Por estos gestos, la Iglesia es el único apoyo que le queda a un pueblo aterrorizado, humillado, explotado y dominado, que querrían reducir al silencio. ¡Señor, hágase tu voluntad, que tu reino de paz llegue pronto (cf. Mt 10,6).

 Cardenal Walter Kasper, presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos (Ciudad del Vaticano)

 Mientras que, gracias a Dios, ha habido un rápido crecimiento de la Iglesia en África, lamentablemente se ha constatado también una fragmentación que se hace siempre más profunda entre los cristianos. Aunque esta situación no se da solo en África, es demasiado fácil considerar que estas divisiones son una derivación del legado recibida por África de una Cristiandad dividida, aunque en África se han dado ulteriores divisiones, basta pensar en las sucedidas recientemente en las comunidades Carismáticas y Pentecostales, en las Iglesias llamadas independientes y en las sectas. Las mismas están muy difundidas en todo el mundo y su vitalidad en el Continente africano se refleja en el aumento de las Iglesias independientes africanas, que actualmente han creado una institución oficial, la OAIC, con sede en Nairobi.
En otros aspectos, el diálogo con estos grupos no es fácil y a menudo del todo imposible por causa del comportamiento agresivo y -por no entrar en detalles- por el bajo nivel teológico que poseen. Debemos afrontar este desafío urgentemente con una actitud autocrítica. De hecho, no basta decir qué hay de equivocado en ellos, debemos preguntarnos en qué erramos o qué nos falta en nuestro trabajo pastoral. ¿Por qué tantos cristianos abandonan nuestra Iglesia? ¿Qué es lo que no encuentran en nosotros que buscan en otros lugares? El PCPCU ha tratado de dar alguna respuesta con dos simposios para obispos y teólogos, celebrados en Nairobi y en Dakar. Estamos dispuestos a ayudar también en futuro. En este contexto, quisiera mencionar solamente dos puntos importantes: la formación catequética ecuménica y la constitución de pequeñas comunidades cristianas en el seno de nuestras parroquias.

Permitanme ahora volver sobre los muchos otros desafíos y tareas:
1. Podemos ahora dar una mirada hacia atrás a estos casi cincuenta años de dialogo ecuménico. Desde el Concilio Vaticano II se han realizado importantes progresos ecuménicos, pero el camino hacia la plena comunión eclesial probablemente es todavía largo y arduo por causa de las dificultades que continúan existiendo en nuestros diálogos teológicos. Se requieren, ahora, pasos adecuados para comprometernos juntamente con nuestros interlocutores ecuménicos en un proceso de recogida de los frutos del diálogo. El compromiso de la Iglesia Universal debe ser traducido y recibido en las Iglesias locales. Esto debe producirse en la catequesis y en la formación teológica, a nivel diocesano y parroquial.
2. M ientras que la Iglesia católica en África tradicionalmente ha mantenido un dialogo constante con las tradiciones protestantes históricas y hoy también con las mas nuevas, la reciente y rápida difusión de la Iglesia Ortodoxa en el Continente hace fundamental para la Iglesia católica en África comprometerse en el dialogo y en relaciones positivas también con nuestros hermanos y hermanas ortodoxos.
3. La Iglesia Católica en África debe impulsar las relaciones ecuménicas con los movimientos Evangélicos, Carismáticos y Pentecostales en el Continente africano, también por la relevancia de sus expresiones indígenas y por la afinidad lograda con la visión del mundo cultural africano. Un tal compromiso ecuménico exige, por una parte una fidelidad inspirada en los principios de la Iglesia sobre el ecumenismo (UR, 2-4), y por otra una compresión especific a de las expresiones culturales africanas. El diálogo y la búsqueda de la unidad, deben considerar seriamente el contexto de las raíces culturales africanas. De hecho, las raíces de diferentes árboles, separados pero cercanos entre si, igualmente se entrelazan aunque continúan siendo diferentes, en la lucha por acceder a la misma surgiente de vida que son el suelo y el agua. Este entrelazamiento es emblemático del acercamiento ecuménico, unido con la cuestión de la enculturación y de la relevancia del contexto.
4. Nuestra búsqueda de unidad en la verdad y en el amor no debe nunca perder de vista la conciencia de que la unidad de la Iglesia es obra y don del Espíritu Santo y va mucho más allá de nuestros esfuerzos . Por lo tanto, el ecumenismo espiritual, especialmente la oración, es el verdadero corazón del compromiso ecuménico,(UR, 8). Sin embargo, el ecum enismo no dará frutos duraderos si no va acompañado por gestos concretos de conversión que muevan las conciencias y promuevan la curación de los recuerdos y de las relaciones.

Como afirma el Decreto sobre el Ecumenismo, “El verdadero ecumenismo no puede darse sin la conversión interior” (UR, 7). Una tal metánoia (UR, 5-8; UUS 15s; 83ss) nos llevará mas cerca de Dios, al centro de nuestra vida, de tal modo que nos acercará más también unos a otros.
Por lo tanto, el tema del Sínodo representa un desafío para la Iglesia en África para que agudice la propia visión ecuménica y ofrezca a los pueblos de África la búsqueda de la unidad como autentico tesoro del Evangelio. La Iglesia católica en África es estimulada a seguir construyendo puentes de amistad y, a través de un ecumenismo espiritual orante y el discernimiento de la voluntad de Dios, comprometerse en el “ministerio de la reconciliación” (2Cor 5, 18), que nos fue confiado por medio de Cristo. Es esta la base de nuestro compromiso ecuménico. La renovación de la vida interior de nuestro corazón y de nuestra mente es el punto crucial de todo dialogo y de toda reconciliación, haciendo del ecumenismo un compromiso recíproco de comprensión, respeto y amor, para que el mundo crea.

 Monseñor François Eid, obispo de El Cairo de los Maronitas (Egipto)

 Hago esta intervención en nombre propio y haré referencia a los Nºs: 102,126 y 128 que hablan de las relaciones con las Religiones, haciendo particular énfasis en la necesidad de pasar del diálogo entre las Culturas a la Cultura del Diálogo, mediante la formación de futuros sacerdotes en África.
Un pensador asiático, Wesley Ari raja, decía: “tenemos necesidad, no sólo de conocer al otro, sino también del otro para conocernos mejor”. Dicho esto, podemos constatar que la cuestión del Diálogo se propone como una problemática cultural y espiritual por excelencia, dado que está relacionada, mucho más que con la compresión que tenemos de nosotros mismos, con nuestra toma de posición con respecto al otro.

La historia nos enseña que la fuente del dinamismo que renueva las Identidades Culturales reside en su apertura universalista más amplia, que la lleva a abrazar las diversidades y a crear una continua ósmosis enriquecedora; en cambio el aislamiento cultural lleva a la perdida de identidad.
El barómetro de la buena salud cultural de un pueblo o de una comunidad, reside en la Centralidad del Otro en su caminar comunitario. Ell o explica la posición central del amor al prójimo en el Cristianismo, que hace de la Iglesia una Diaconía al servicio del hombre.

En este sentido, una de las cartas de los Patriarcas Católicos del Oriente afirmaba que “la presencia de los demás en nuestras vidas representa la voz de Dios y nuestra relación con ellos es un componente esencial de nuestra identidad espiritual, por ello, debemos ir más alla de la convivialidad a una comunión fraterna más responsable.
Saco algunas conclusiones:
1. En mi opinión, la formación de los futuros sacerdotes africanos que pertenezcan solamente a Nuestro señor Jesús, Maestro y Modelo, constituye la única alternativa para hacer de dichos sacerdotes, instrumentos de paz y reconciliación. De ese modo, su misión ya no sería considerada como lugar de competencia de intereses personales, familiares o tri bales, sino más bien y al contrario, lugar de encuentro entre hermanos amados por el Señor y llamados a construir juntos, en la Caridad, su reino de Paz y Justicia.
2. Sobre este punto, veo la urgencia de una Formación Sacerdotal adecuada cuya prioridad sea pasar del Diálogo entre Culturas a la Cultura del Diálogo. Dicha misión hará de los futuros sacerdotes africanos los mensajeros del Evangelio de la Paz, por una Nueva África, en donde la Solidaridad Espiritual y Humana impulse a todos y cada uno a llevar las dificultades, los sufrimientos, las esperanzas y los desafíos del otro, que es nuestro hermano ante Dios. Así, pasaríamos:
de la marginación a la acogida
del rechazo a la aceptación
y de la rivalidad a la fraternidad
La Cultura del Diálogo hace de eco a las palabras de San Agustín: “Et in omnia Caritas”.

 Monseñor Simon Ntamwana, arzobispo de Gitega (Burundi), presidente de la Asociación de las Conferencias Episcopales de África Central (ACEAC)

 Actualmente en nuestra subregión, diferentes categorías y grupos sufren bajo el peso de algunos males apenas recordados. Las familias han sido desmembradas, desestabilizadas, empobrecidas. Algunas no tienen casas adecuadas donde residir, ni tierras de cultivo para sobrevivir, ni tampoco medios para educar a los hijos, ni como pagar los cuidados médicos, etc. A estas carencias se añaden fenómenos come las violaciones de mujeres, reclutamiento de niños en grupos armados, etc.
Si la responsabilidad de esta situación se compartiera entre todos los miembros de la sociedad, algunos tendrían responsabilidades mayores respecto a otros. Pensamos, sobre todo, a la clase pol&iacu te;tica dirigente. En efecto, entre otras cosas se deplora el hecho que hombres políticos utilicen los conflictos étnicos para conquistar el poder o para mantenerlo. Algunos de ellos consideran sus funciones únicamente como fuente de enriquecimiento personal o de sus familiares y amigos, haciendo de esta manera prevalecer el clientelismo y el tribalismo, por encima de los valores auténticos, y comprometiendo gravemente la paz social.
En dichas situaciones, la Iglesia cumple una función por medio de sus mensajes y de sus exhortaciones y, también, a través de su testimonio de hermandad más allá de las fronteras y de las barreras generadas por los conflictos armados y las guerras. Algunos hermanos nuestros en el Episcopado han debido, ellos mismos, dirigir algunas Conferencias nacionales soberanas para asegurar la mediación entre las diferentes partes de sus países. De otro lado, nuestras comisiones de “Justicia y Paz” en diferentes países han participado en la preparación de elecciones, ofreciendo una educación cívica y electoral. En estas situaciones de guerra, las Comisiones Caritas-Desarrollo ofrecen ayuda a millares de personas indefensas.
No obstante, no hay que curar solo la pobreza espiritual, sino el empobrecimiento generalizado y la desvergonzada pauperización de nuestros pueblos, para los cuales se necesita encontrar soluciones adecuadas. En efecto, es justamente porque las poblaciones son pobres o empobrecidas que se han vuelto vulnerables. Muchos personajes ricos les manipulan a su antojo y algunos pescadores de aguas turbias utilizan, por ejemplo, las divisiones étnicas para dividir a las poblaciones y seguir enriqueciéndose en una situación de conflicto en el cual, las personas no pueden reivindicar ni siquiera sus derechos.

 Monseñor Martin Munyanyi, obispo de Gweru (Zimbabwe)

 La Iglesia de Zimbabue aprecia considerablemente que el Instrumentum Laboris trate temas de gran preocupación para nuestro país, tales como la pobreza, la violencia, la falta de reconocimiento a la mujer, a los niños y a los grupos minoritarios, al igual que problemas relativos a la injusticia en la Iglesia, como por ejemplo las condiciones laborales de sus empleados.
Zimbabue ha tenido experiencias socio-políticas muy difíciles e inhumanas que encuentran su origen en el pasado pre-colonial, colonial y post-colonial, que deben ser tratadas urgentemente.
En la búsqueda de una reconciliación duradera, sería un error pedirle a la gente que simplemente olvidara el pasado.
La reconciliación es necesaria no sólo en todo el país sino también en la Iglesia, ya que vemos crecientes tensiones en algunas de nuestras parroquias debido a diferencias étnicas y lingüísticas.
En África cuando hablamos de justicia, ciertamente hablamos de las partes afectadas, que incluyen también las familias. Las comunidades necesitan reunirse y hablar de sus problemas en un escenario abierto a la discusión. Y debería establecerse una justicia retributiva y constructiva antes de la muerte de las partes en causa.
Las cuestiones de justicia en la Iglesia tienen que ver con el no pagarle a nuestros trabajadores lo correspondiente a un salario justo y con el mal uso de los recursos en la Iglesia por parte de los sacerdotes a cargo de las comunidades. Algunas de las prácticas de la Iglesia tienden a tener prejuicios contra las niñas. Por ejemplo las niñas son castigadas pero los niños no.
Como Iglesia local, hemos establecido estructuras como la Comisión de Justicia y Paz que s e dedica a los aspectos históricos negativos de nuestra experiencia.
La tarea completa debería comenzar en un lugar como la familia, como ha precisado justamente el Papa Benedicto XVI: “la familia es la primera e insustituible educadora de la paz… porque permite hacer fundamentales experiencias de paz”.
En el hacerlo se deberían tomar en serio, literalmente, las palabras de Juan Pablo II” no hay paz sin justicia, ni hay justicia sin perdón”. Este es el reino de justicia defendido en el Instrumentum Laboris, que resume el mensaje evangélico de reconciliación, justicia y paz.

 Monseñor Daniel Mizonzo, obispo de Nkayi (República del Congo)

 El objetivo de este Sínodo, a nuestro parecer, es el compromiso de todos los Actores e Instituciones para establecer una paz verdadera, real y dur adera en África, dicho con otras palabras, la venida del Reino de Dios a este continente. Para lograr este objetivo, nuestra tarea esencial consiste en la búsqueda onto – teológica de la Verdad.
En realidad en casi todos nuestros países africanos, particularmente aquellos que viven o han vivido guerras, hemos realizado ceremonias y acciones de reconciliación nacional, procesos a los genocidas en nombre de la justicia, gestos simbólicos de paz y otras iniciativas. Pero, a pesar de estos esfuerzos, la paz verdadera, real y duradera, aunque está a la orden del día, no ha llegado todavía a África. ¿Por qué? Porque ha faltado la verdad.
“¿Qué es la verdad?” (Jn 18, 38). La pregunta de Pilatos sigue siendo de actualidad en África. Las respuestas de Jesús son esclarecedoras: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14, 6); “Para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad” (Jn 18, 37b). En el Reino de Dios “Amor y Verdad se han dado cita, Justicia y Paz se besan. Verdad brota de la tierra, Justicia se asoma desde el cielo”(Sal 85 (84), 11.12).
La paz es de Jesús: “Os dejo la paz, mi paz os doy, no os la doy como la da el mundo” (Jn 14, 27a).
Y San Pablo subraya que “Cristo es nuestra paz” (Ef 2, 14), porque Él es ontológicamente Verdad.
Estimulemos la Institución de Tribunales Internacionales (TPI), de las Comisiones de Verdad y Reconciliación para la paz, que han sido un bien para Sudáfrica: porque solamente “la verdad nos hará libres” (Jn 8, 32b) y nos traerá la paz verdadera, real y duradera. “África semper novi”.

 Monseñor Claude Rault, obispo de Laghouat (Argelia)

 Nuestra Iglesia del Norte de África se encuentra en una posición de “encrucijada” geográfica y humana que se sitúa en el cruce entre Europa, el Próximo Oriente y el África subsahariana. La población está compuesta por árabes y bereberes, pero también nos olvidamos con frecuencia de una franja de poblaciones negras en el sur de esta vasta región. La religión dominante y casi exclusiva es el Islam, asimismo atravesado por múltiples corrientes. Es en este universo geográfico, humano y religioso en el que nosotros, cristianos y cristianas, vivimos nuestra vocación hacia el Encuentro y el Diálogo.
-En primer lugar, es necesario decir lo difícil que es para nosotros ubicarnos e arraigarnos en el corazón de la Iglesia de África. El nombre mismo de África, sin embargo, tiene su origen en el Magreb, provi ene de “Ifriqiya”, país de san Agustín. Nosotros formamos parte de la Iglesia de África y nuestro deseo profundo es el de consolidar nuestro arraigo en el seno de esta Iglesia.
-La herencia colonial pesa aún sobre nuestros hombros. La Iglesia del Magreb lleva todavía su marca. A esto le añadimos una relación histórica difícil entre el mundo árabe y el mundo africano, que se debe en parte a la esclavitud que no fue, por desgracia, lo único que hicieron los occidentales.
-Pero nuestra situación es una gracia que se debe aprovechar. Somos una Iglesia cada vez más multicultural, gracias a la marcada presencia de religiosos y religiosas, sacerdotes y laicos, de estudiantes e inmigrantes que vienen de más allá del Sahara, o de otros continentes.
Estos factores dan a la Iglesia una imagen más universal. Este hecho, a la vez, plantea un seri o desafío a nuestra Iglesia del Magreb: el de su unidad y su comunión. La participación en nuestra vida eclesial de cristianos y cristianas de todas las condiciones llegados de Europa, América, Asia, del continente africano, del Próximo Oriente y también de África del Norte, constituye una novedad que exige de nosotros una apertura a lo Universal. Con todas nuestras diferencias y nuestras complementariedades conjugadas, los hombres y las mujeres, a pesar de nuestra pequeñez, construimos la Iglesia de Cristo, una Iglesia de Pentecostés.

 Monseñor Antoine Ntalou, arzobispo de Garoua (Camerún)

 En Camerún, como en otros países africanos, se observa que muchos ciudadanos en posiciones de responsabilidad se reconocen como hijos de la Madre Iglesia; les encontramos prácticamente en todos los sectore s de la vida, sea en el ámbito de la sanidad como en el de la educación, en la política, la economía, la cultura, las asociaciones, etc. A menudo estas personas están orgullosas de lo que han recibido en la Iglesia en su infancia o juventud. Pero a menudo tenemos la amarga experiencia de la enorme brecha que existe entre la organización de la vida social y las exigencias del mensaje evangélico.
Nos encontramos así delante de un problema muy serio, sobre el cual es necesario determinar la causa principal para poder encontrar un remedio. Por mi parte, considero que también por motivo de la edad de nuestras Iglesias en África, algunas carencias en la organización de la pastoral en la mayor parte de las diócesis explican, sin querer justificar, la situación de la que intento hablar. Se trata de una escasa formación doctrinal de los cristianos que hoy asumen una función de responsabilidad en el seno de las estructuras de nuestros países. Para la mayor parte de ellos, por lo tanto, el único bagaje doctrinal es el recibido en el momento de la preparación de los primeros sacramentos. No hay que asombrarse cuando con frecuencia en el diálogo social, no tienen mucho para ofrecer allí donde otros grupos de intereses o de presión están dotados de armas potentes para la lucha ideológica, mientras nuestros fieles no tienen otra cosa para ofrecer que la buena voluntad.
Por lo tanto, es más que nunca urgente asegurar una sólida formación cristiana a los hijos y a las hijas de nuestra Iglesia que toman un compromiso en política, en economía y en otros sectores claves de la vida de nuestros países africanos. El programa de tal formación, entre las otras materias, tendrá que dejar espacio a la doctrina social de la Iglesia, a la Biblia, a la teología, a la moral y a la historia de la Iglesia. Habrá que preocuparse, sobre todo, de la formación de la conciencia de nuestra élite. Agrademos a Dios, que aquí y allá del continente ya han nacido iniciativas positivas (Escuelas de Teología) y se esta empezando a formar un laicado consciente de las propias responsabilidades en un mundo que debe ser transformado desde adentro. Actualmente, estas experiencias son todavía demasiado limitadas para que el impacto del fermento evangélico sea claramente perceptible y se refleje en los hábitos de los individuos y de los grupos. Pero la dirección tomada es la justa.

 Monseñor Michael Wüstenberg, obispo de Aliwal (Sudáfrica)
El laicado y la jerarquía no siempre están de acuerdo. La reconciliación es necesaria en la Iglesia. Un plan pastoral condu ce al desarrollo de una comunidad mejor. Esta reconciliación en la Iglesia afecta el compromiso evangelizador de los laicos para reconciliar un mundo desunido. La unidad y la cooperación de la Conferencia de los Obispos apoya el laicado en lo referente a su interconexión.
Las pequeñas Comunidades Cristianas – arraigadas en la fe – están conectadas en el campo social para transformar la sociedad local. El compromiso se realiza también por medio de diferentes instituciones. Con un déficit amplio de una catequización profunda, dicho compromiso en “todos los estratos de la humanidad” necesita una formación concienzuda. Las instituciones que trabajan en los diferentes niveles para colaborar con los trabajadores de la pastoral y los laicos en una formación completa. Aunque queden por hacer algunas actividades para crear redes fuertes y eficientes. Las interconexiones de los obispos con los laicos en los foros Pastorales pueden ser mejor llevados también en los niveles regionales y continentales. El ministerio de los laicos en relación ala reconciliación necesita reconocerse en las celebraciones que aseguren y confirmen e, incluso, se preparen para dicha misión. La experiencia del sacramento ofrece una formación abierta a lo divino. La falta de celebraciones del sacrificio de la reconciliación en la Eucaristía impide la experiencia habitual de la relación íntima entre Cristo con uno mismo y con los otros. Este desequilibrio de la vida consagrada de la Iglesia necesita ser reconciliado para bien de una espiritualidad completa de la reconciliación.

 Monseñor Armando Umberto Gianni, obispo de Bouarb (República Centroafricana), Presidente de la Conferencia Episcopal Hemos tratado de profundizar el análisis de la crisis, que nos ha traído muchos sufrimientos físicos y morales. Nos hemos reunido para poder dar la posibilidad a todos de expresar sus propias ideas.
En todos existe el deseo de salir adelante, de encontrar el camino del diálogo, de la conversión.
Nos espera la delicada pero necesaria tarea de ayudar a los sacerdotes que tienen problemas a reencontrar el camino de la verdad. Esperamos del Sínodo una palabra clara y persuasiva sobre este tema.
El desafío más grande, es el de saber cómo ayudar a los sacerdotes a tomar las verdaderas familias sacerdotales. Se siente la necesidad de tener un directorio de la vida sacerdotal.
Si nuestra crisis nos ha comportado sufrimiento, nos ayudará a crecer más armónicamente. Necesitamos intensificar la unión profunda con Cristo.
Desde hace más de quince años nuestro país busca la paz social y un equilibrio que aporte más seguridad y estabilidad, necesarios para atraer inversiones, reactivar la actividad económica y desarrollar los servicios sociales: escuela, salud, diálogo social.
Desgraciadamente, la impunidad sigue cubriendo los crímenes y las varias injusticias. Los conflictos de interés que afligen la región de Darfur, se repercuten también en nuestro país.
La Iglesia sigue estando presente en todos los lugares del territorio. También en las llamadas áreas rojas, es decir inseguras, sigue realizando su obra en los colegios y la sanidad, estando cercana a los evacuados y a los minusválidos.
Quisiera destacar la disponibilidad del personal de las misiones en ese contexto de inseguridad para asegurar el servicio de mediación entre las fuerzas del gobierno y los rebeldes y, a veces, también con los bandidos.
Mediante estos acuerdos ha sido posible hacer llegar a todas part es, alimentos y medicinas, y aseguraron los encuentros para el diálogo entre las partes en conflicto, que han contribuido a disminuir las tensiones.
Me parece que la Iglesia tiene la vocación de estar allá, en esos lugares humildes y escondidos, para ayudar a apagar los nacientes conflictos domésticos. Se escucha y se busca su voz porque goza de credibilidad.

 Monseñor Giovanni Innocenzo Martinelli, obispo titular de Tabuda, Vicario Apóstolico de Trípoli (Libia)

 Sabemos que en el continente africano existen más de 10 millones de desplazados, de emigrantes en búsqueda de una patria, una tierra de paz.
El fenómeno de este éxodo revela un rostro de injusticia y de crisis sociopolítica en África. Nosotros, en Libia, vivimos toda la tragedia de este fenómeno: llegar a Libia por haber sido rechazado e n Europa…
Cada año entran en Libia millares de inmigrantes, procedentes de los países del África subsahariana. La mayoría de ellos se salvan de la guerra y la pobreza que vive su país y vienen a Libia, donde buscan un trabajo para ayudar a sus familias, o bien, el modo de pasar a Europa con la esperanza de encontrar allí una vida mejor y más segura. Muchos de ellos se han dejado engañar por la promesa de un trabajo bien pagado y se ven obligados a realizar trabajos mal pagados y peligrosos, o bien, no encuentran ninguno en absoluto. Muchas mujeres a las que han hecho venir al país se ven obligadas a ejercer la prostitución o son esclavizadas. Todos los inmigrantes ilegales corren el riesgo de acabar en la cárcel, ser deportados o cosas peores, y no pueden acceder a ningún tipo de asistencia legal, ni a los servicios sanitarios públicos.
En Libia existen distintos centros d e acogida de clandestinos, pero todos los que acuden al Centro de Servicio Social de la Iglesia son originarios de Eritrea o de Nigeria, etíopes, sudaneses y congoleños.
La inmigración es para muchos una tragedia, sobre todo porque estas personas son víctimas de tráficos, de explotación (especialmente, las mujeres) y del desprecio de los derechos humanos. Pero damos gracias al Señor por su testimonio cristiano. Se trata de una comunidad que sufre, que busca, de una comunidad precaria, pero rebosante de alegría en la expresión de la fe. Y son quienes, en un contexto social y religioso de carácter musulmán, hacen creíble a la Iglesia y vivo el diálogo de la vida con muchos musulmanes. Son nuestra Iglesia de Libia, peregrina y extranjera, luz de Jesús y sal para los que nos rodean.
Pido a su pastor que no les olvide en este éxodo forzado.

 Monseñor Lucius Iwejuru Ugorji, obispo de Umuahia (Nigeria)

 Las multinacionales explotan los recursos naturales en África en una medida que no tiene precedentes en la historia. Utilizan los recursos que se han ido acumulando durante un largo periodo, sin que les importe que puedan dejar a las generaciones futuras sin medios de subsistencia. Esta explotación temeraria del medio ambiente tiene un impacto negativo en los africanos y amenaza sus perspectivas de vivir en paz.
La degradación medioambiental en África está ligada a este problema. Se destruyen áreas enteras a causa de la deforestación, el derrame de petróleo o el vertido de deshechos tóxicos, de contenedores de plástico y productos de celofán. Además, la erosión provocada por el hombre se lleva por delante las tierras agrícolas, destruye los caminos y obstruye las fuentes de suministro de agua. Estos factores empobrecen las comunidades africanas, aumentando las tensiones y los conflictos.
Los dones de la creación proceden de un Padre bondadoso. Toda generación las necesita para su sustento. Deben ser cuidadas (Gn 2, 15) y utilizadas con moderación. Los actuales desafíos ecológicos son el resultado de los pecados del hombre: egoísmo, codicia, falta de sensibilidad hacia los daños medioambientales e incapacidad de cuidar de la tierra.
La Iglesia en África tiene que estimular una “conversión ecológica” mediante una intensa educación. Debe educar a los africanos en una mayor sensibilidad al creciente desastre causado por los daños medioambientales y a la necesidad de reducirlo. Tiene que conseguir que todos sean cada vez más conscientes de que las generaciones futuras tienen el derecho de vivir en un ambiente in tacto y sano, y de gozar de sus recursos.

 Guillermo Luis Basañes (EEUU), Consejero General para la región África-Madagascar de la Sociedad Salesiana

 A la luz del tema de este Sínodo, creo que la contribución más preciosa y más urgente de la Vida Consagrada, sea hoy el de la profecía de la comunión: su ser hoy en la Iglesia y para los pueblos de África “signum fraternitatis”.
Allí donde hoy día algunas poblaciones de África sienten la tentación de declarar la imposibilidad de coexistir, de vivir juntas, de compartir la misma tierra, los religiosos y las religiosas, llamados a vivir la caridad perfecta en comunidad, no sólo anuncian a todos los pueblos y etnias en África que es posible vivir juntos en la diversidad o que es posible tolerarse, sino que también es fecundo, útil e incluso bello vivir y trabajar juntos.
Propongo, pues, que más que hablar de las “personas consagradas” como actores de reconciliación, de justicia y de paz, se subrayen, más bien, las “comunidades de vida consagrada”.
A este respecto, veo muy urgente la necesidad de que nuestros Pastores en África puedan continuar ayudando la Vida Consagrada, para que sea fiel a su vocación de profunda comunión y de reconciliación;
– promoviendo en las Iglesias el conocimiento de la naturaleza de la Vida Consagrada y, más específicamente, su profecía de comunión;
– exhortando, para que en la formación a la Vida Consagrada en África, se conceda un puesto central a la formación en la vida comunitaria intercultural, internacional, interétnica;
– evitando que la petición de servicios pastorales, cada vez más vastos, urgentes y diversificados, pueda socavar el testimonio comunitario de la Vida Consagrada, con el riesgo de que la sal pierda su buen sabor;
– animando a los diversos Institutos Religiosos que han nacido en África a que se abran, cuanto antes, a la misión ad gentes, para mostrar con claridad que ningún carisma está vinculado, de forma exclusiva, a una etnia o nación (cfr. VC 78)

 Monseñor Berhaneyesus Demerew Souraphiel, arzobispo metropolita de Addis Abeba (Etiopía), presidente de la Conferencia Episcopal, presidente del Consejo de la Iglesia Etiópica

 Espero que este Sínodo para África estudie la raíz de las causas del tráfico de seres humanos, el problema de los desplazados, los trabajadores domésticos explotados (especialmente, las mujeres en Orient e Medio), los refugiados y los emigrantes, especialmente los africanos que llegan en las pateras y las personas que piden asilo, y que elabore posiciones y propuestas concretas para mostrar al mundo que la vida de los africanos es sagrada y no de poco de valor, como en cambio parece que la presenten y la vean muchos medios de comunicación.
Como es sabido, la Unión africana (UA) tiene su sede en Addis Abeba, donde fue fundada. La UA es el foro de los líderes políticos africanos. Es útil saber que casi el 50% de los miembros de la UA pertenecen a la Iglesia Católica. Hasta ahora, el Nuncio Apostólico en Etiopía fue invitado a participar como observador en las asambleas generales de la UA cuando tienen lugar en Addis Abeba. Tengo la esperanza de que la Santa Sede nombre a un representante permanente ante la UA, que participe en todas las reuniones cada vez que se celebren y que pueda mantener un contacto personal con los miembros católicos de esta importante institución.
Este representante especial debería, preferiblemente, contar con las mismas credenciales diplomáticas que un Nuncio Apostólico. Sería nombrado para dedicarse completamente a su misión y para estar siempre disponible, tanto para participar en las reuniones como para encontrarse con las personas que ejercen una influencia determinante en el proceso de toma de decisiones.
También en la UA, hace falta un representante del Simposio de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar (SECAM), por lo menos como observador, a fin de que la Iglesia católica en África tenga una voz en la UA, que aliente a los fieles laicos católicos que trabajan en este organismo.
Por nuestra parte, como Iglesia local en Etiopía, nos comprometemos a acoger lo mejor posible a estos representantes especiales de la Santa Sede o del SECAM y, s i desearan residir en Addis Abeba, facilitar su trabajo y colaborar con su misión. Estoy seguro de que la Unión Africana estaría dispuesta a aceptar a estos representantes y de que los miembros laicos católicos de este organismo se sentirían especialmente apoyados por la Iglesia católica en su misión.

 Monseñor Ildefonso Obama Obono, arzobispo de Malabo, presidente de la Conferencia Episcopal (Guinea Ecuatorial)

Sobrevolando el capítulo IV del Instrumentum laboris, me refiero a los actores y a las instituciones, llamados a dar testimonio de fe en Cristo, en todos los ámbitos y sectores de la sociedad, con discernimiento local.
Años atrás -como referencia histórica- los cristianos conocieron dificultades con aquella persecución religiosa superada, que fue de signo marxista y comu nista. En este tiempo, los cristianos viven la inquietud del materialismo de vida, que afecta los valores del reino de Dios. Por eso el mensaje “combatir la pobreza, construir la paz”, es muy actual, para la dignidad de todos y el bien común.
En cuanto a las instituciones, nos empeñamos en promover la fe con la Palabra de Dios y de impulsar la Eucaristía santa celebrada y adorada, vínculo de caridad. Sabemos que el contenido de la Nueva Evangelización es Jesucristo, el Enviado del Padre. Por Él tenemos confianza en la fuerza de la fe y de la Palabra de Dios en sí misma, para purificar los corazones.
En esa perspectiva, la reconciliación, la justicia y la paz se apoyan en el amor, el perdón y la misericordia de Dios en Cristo. Por esto incide en la realidad pastoral la enseñanza de la “Caritas in veritate” que afirma: “la caridad es la vía maestra de la doctrina social” (n. 2). Con su difusión y aplicación.
Conclusión:
1. la cultura de la solidaridad es una urgencia de nuestros tiempos frente a los que impulsan el lema “divide y vencerás”, en las hostilidades y rivalidades tribales, y propician la violencia, el terrorismo y las guerras: la cultura de la muerte. “La paz nace en un corazón nuevo”. Creemos en la esperanza. El Dios de la paz nos dará la paz que los hombres no pueden dar.
2. Tarea nuestra es implantar la civilización del amor. Como propuesta válida para la presencia de la Iglesia en la sociedad, es la conversión al amor sincero y fuerte, como el amor de Dios en Cristo muerto y resucitado, para la convivencia fraterna, la humanización y la salvación integral.
Por lo demás, África es la reserva espiritual del mundo y nueva patria de Cristo.

Monseñor Emílio Sumbelelo, obispo de Uíje (Angola)

 En nuestro contexto angoleño, la justicia debe caminar de la mano del perdón. Sin perdón, no puede haber reconciliación y en consecuencia tampoco Paz, porque el desarrollo de cualquier pueblo o nación permanece indefinidamente postergado cuando faltan mecanismos de perdón.
En los últimos 30 años una buena parte de los países africanos, y Angola no escapa a la regla, sufrió profundas modificaciones. Las inmensas y múltiples agitaciones del pueblo, relacionadas con la guerra, transformaron la sociedad africana. Actualmente más de la mitad de la población vive en zonas urbanas. Una de las primeras consecuencias es la de su identidad étnico-tribal; pueblos de diferentes orígenes y clases sociales que ahora viven juntos en un mismo medio urbano, dando ori gen a una fusión cultural. Segunda consecuencia son los conflictos inter-étnicos, generados por las condiciones de malestar económico y gran desigualdad social.
El verdadero perdón debe incluir la búsqueda de la verdad. Forma parte de esta verdad reconocer el daño que se ha hecho y, si fuera posible, repararlo. El perdón, de hecho, no elimina ni disminuye la exigencia de reparación que es propia de la justicia, sino que intenta reintegrar a las personas y a los grupos a las sociedades.

 Pasos concretos:

 1) A través de las CJP, Pro Pace, promover oportunas investigaciones, atinentes a prevaricaciones de grupos étnicos o de injusticias, para asegurar la verdad como primer paso para la reconciliación. 2) Apostar a la “reconstrucción humana”, que pasa por la modificación del comportamiento de la personalidad que por algún motivo fue mal formada, y/o sufrió alguna conmoción en sus estructuras, y/o en las estructuras de su sociedad. La “reconstrucción humana” es, por tanto, un trabajo que se espera por parte de la Iglesia, a fin de que el “individuo destruido” vuelva a ser persona y a aceptarse a sí mismo, y hacer de manera tal de que aprenda a adquirir nuevos impulsos, y que éstos se transformen en capacidad para aceptar a los demás.

 Monseñor José Nambi, obispo de Kwito-Bié (Angola)

 La cultura democrática va dando pasos, aunque tímidamente. En Angola todavía no se convocan elecciones con la periodicidad deseable. Hay políticos que aspiran a un verdadero cambio de la situación mas otros se resisten a ello, son insensibles y sólo persiguen sus propios intereses. Los vientos de democracia se sienten más en la capital que en otros puntos del país, con pocos medios de comunicación social. Se constata la falta de una verdadera educación cívica de los ciudadanos, lo que favorece la manipulación. Todo esto, aliado a un analfabetismo en el medio rural, hace que la situación se vuelva muy precaria. La conciencia crítica de las personas es débil. Para algunos todo lo que se dice a través de los medios de comunicación social es considerado como verdadero. Se piensa, por tanto, que es urgente promover la educación cívica de los ciudadanos y fortalecer la conciencia crítica de los mismos. Esto significa también promover la defensa de la libertad de expresión y de opinión como atributos de la democracia y promover también ámbitos de desarrollo. Los laicos que militan en las diversas instituciones civiles, en los partidos políticos, en el Parlamento, están llamados a dar un verdadero testimonio de reconciliación, de justicia y de paz.
Por eso, consideramos fundamental seguir apostando por la formación de los mismos en todos los niveles.
El continente africano es considerado rico, pero sus pueblos continúan siendo pobres. Algo positivo se está haciendo para reducir la pobreza. En Angola se advierte un gran esfuerzo para salir de la pobreza. Fueron concebidos grandes y pequeños proyectos a tal efecto. La diferencia entre ricos y pobres, sin embargo continúa siendo enorme. La acumulación de riquezas en manos de pocas personas es exagerada, lo que genera y puede generar siempre conflictos. La población de los medios rurales se ve atraída por la vida de las ciudades, lo que acarrea varios problemas sociales. La inmigración proveniente de países vecinos se está agudizando y trae consigo varias consecuencias sociales. Existe la cuestión de las tierr as ocupadas en perjuicio de pequeños campesinos, y ello ha generado conflictos.

El Papa recomienda el Rosario especialmente a los jóvenes

El Papa Benedicto XVI invitó a todos los fieles, y especialmente a los jóvenes, que recen el Rosario en este tiempo.
Durante los saludos a los peregrinos de distintas procedencias, al concluir la Audiencia General, el Papa dirigió unas palabras, como es su costumbre, a los jóvenes, a los recién casados y a los enfermos, a quienes en esta ocasión propuso un rezo más asiduo de esta devoción mariana.
“La Iglesia honra hoy a la Beata Virgen del Rosario, memoria litúrgica que me ofrece la oportunidad de reafir mar la importancia de la oración del Rosario, tan querida también a mis venerados Predecesores”.
Especialmente recomendó su rezo “a los jóvenes, para que os ayude a cumplir la voluntad de Dios y a encontrar en el Corazón Inmaculado de María un refugio seguro”.
También se la recomendó a los enfermos, para que les permita “experimentar el consuelo de nuestra Madre cerlestial, para que apoyados en Ella afrontéis los momentos de la prueba”.
Finalmente, sugirió a los recién casados que recuperen la costumbre de rezar el Rosario en familia, para que “la recitación de esta oración constituye la cita diaria de vuestra familia, que crecerá así, gracias a la intercesión de María, en la unidad y en la fidelidad al Evangelio”.

Piden al Gobierno español retirar proyecto abortista que ha “fracturado” la sociedad

La portavoz de Derecho a Vivir desafió a la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, a ser consecuente con los comentarios que ofreció en una radioemisora local y retirar el proyecto de ley del aborto que según la funcionaria ha fracturado a la sociedad española.

En una entrevista concedida a la cadena COPE, Fernández de La Vega sostuvo que el comienzo de la vida humana es una cuestión controvertida, “un debate moral y científico que yo respeto”, para luego reconocer que “la sociedad está fracturada al 50 por ciento” por el proyecto de ley de aborto libre.

La vicepresidenta además justificó la iniciativa afirmando que se necesita “establecer mayores garantías, mayor seguridad a las mujeres, a los profesionales”, así como equiparar la legislación española sobre el aborto a la de los países del entorno europeo.

Sin embargo, Gádor Joya ha precisado a la vicepresidenta que “no hay ningún debate científico sobre el comienzo de la vida, sino que, al contrario, es un hecho sin discusión, unánimemente reconocido por la Comunidad Científica, que la vida humana individual comienza en el momento de la concepción”.

Joya lamentó “que la vicepresidenta hable de garantías jurídicas, cuando el bien jurídico de la vida del hijo va a quedar a merced de la voluntad de la madre y de los intereses de la industria abortista durante las primeras catorce semanas. Sólo habrá más seguridad para los empresarios del aborto, pero el hijo y la madre quedarán más desprotegidos que nunca”.

Además, la portavoz ha negado que el proyecto iguale la legislación española a la europea porque “el proyecto abortista del señor Zapatero es el más radical y violento de Europa”.

“Puestos a equiparar, el Gobierno podría haber equiparado a España con el resto de Europa en políticas de apoyo a la natalidad y en ayudas para que las mujeres puedan ejercer su derecho a ser madres, pero ha optado, en cambio, por el proyecto abortista más extremo y lesivo para el hijo y la madre”, agregó.

Médicos tildan de “paradójico” que aborto lo gestione Igualdad “cuando no tiene nada de igualitario”

 El director de la Fundación del Colegio de Médicos de Sevilla, José María Nieto, consideró hoy “cuanto menos paradójico” que las cuestiones relativas al aborto en España las gestione el Ministerio de Igualdad, que dirige Bibiana Aído, “cuando no existe ninguna igualdad entre un embrión y la mujer que decide abortar”.

En el transcurso de un desayuno informativo en el Club Antares de Sevilla, el presidente de la misma entidad colegial, Carlos González-Vilardell, agregó, por su parte, que el médico “tiene una formación académica de defensa de la vida”, recordó que el Colegio dispone de un código deontológico “en el que no se contempla el aborto” y apuntó a las discrepancias que existan sobre este tema en el mismo seno de la sociedad civil.

Precisamente hoy, la presidenta primera del Gobierno central, MarÍa Teresa Fernández de la Vega, reconoció que la sociedad “está fracturada, casi al 50 por ciento”, en el debate que suscita la ampliación de la ley del aborto.

“Esto pone de manifiesto que estamos ante un tema de gran dificultad”, añadió De la Vega en declaraciones a la COPE recogidas por Europa Press, quien, en cualquier caso, negó que el Gobierno socialista haya creado una “fractura social” al promover, desde 2004, iniciativas como el reconocimiento del matrimonio homosexual, la ley de memoria histórica o la controvertida asignatura de Educación para la Ciudadanía.

“El Papa tiene razón: el sida no se detiene con el preservativo”

Entrevista a los doctores Renzo Puccetti y Cesare Cavoni

 Han suscitado polémica las declaraciones del cardenal de Ghana Peter Kodwo Appiah Turkson respecto al uso del preservativo dentro de una pareja en la que uno de los dos está contagiado de sida.
Respondiendo a las preguntas de un periodista, el relator general del Sínodo de los Obispos para África explicó que es más eficaz invertir en fármacos antirretrovirales que en preservativos para contener la propagación del sida.

La respuesta reabrió el debate sobre el uso de los preservativos como técnica para combatir la expansión del virus VIH.
Sobre la cuestión ya se había expresado el papa Benedicto XVI y se desencadenó una tormenta mediática.
Para tratar de comprender cuáles son los argumentos que subyacen al debate y que parecen implicar tantos intereses, los doctores Renzo Puccetti y Cesare Cavoni, el primero médico y el otro profesor de Bioética y periodista de Sat2000, conductor del programma “2030 entre ciencia y conciencia”, que acaban de entregar al editor el libro en italiano Il Papa ha ragione! L’Aids non si ferma con il condom (Fede & Cultura).

-¿Qué piensan de las declaraciones del cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson respecto al uso de preservativo?

Puccetti: Al leer los periódicos, me quedé sorprendido, pero luego leí la transcripción de la intervención del cardenal y entonces comprendí que se trataba del enésimo caso de distorsión del mensaje. El cardenal, en primer lugar, no se detuvo en una valoración moral de la cuestión; al mismo tiempo, a través de sus declaraciones, no se apartó para nada de la constante enseñanza moral de la Iglesia.

El cardenal reconoce, como es lógico, que junto a los fármacos antirretrovirales, el uso del preservativo se opone a la propagación del sida en los casos en los que no se recurra a la abstinencia y a la fidelidad. Se está hablando por tanto de todo lo que teóricamente puede utilizarse.
El cardenal refiere la experiencia de los centros sanitarios de Ghana de la Iglesia Católica, según los cuales en las familias en las que se propuso el preservativo, este funcionó sólo si estaban decididas a mantener la fidel idad. El cardenal recordó que, también en el caso de personas serodiscordantes el recurso al preservativo es fuente de una falsa seguridad, agravada por el hecho de confiar en una manufactura.

Cuando el presidente de Uganda dió luz verde a la estrategia ABC (Abstinence, Be faithful, Condom) que se reveló muy eficaz en combatir la epidemia de sida y que luego fue tomada como modelo con igual éxito en otros países africanos, decía cosas bastante similares a lo que dijo el cardenal: la vida no puede ponerse en juego confiándola a una fina capa de latex.

-¿Pero el preservativo sirve o no para detener el sida?

Puccetti: No es fácil responder en modo tajante, pero si tengo que decir si el preservativo sirve para detener el sida en las epidemias generalizadas, la respuesta que puedo dar según el cuerpo de conocimientos científicos disponibles es “no”. 
Para que pudiera funcionar, el hombre debería ser algo no muy diferente a un ratón en una jaula al que antes de cada cópula alguien endosa el preservativo. En ese caso, el preservativo podría ser útil.
Pero como el hombre no es un ratón, no vive en jaulas y no hay profesionales dispuestos a endosarle el condón, no hay que sorprenderse de que la eficacia teórica no se de luego sobre el terreno en la vida real.

-¿Por qué han decidido escribir un libro sobre este tema?

Cavoni: Este libro nace de una triste constatación, la de que a menudo la información habla de hechos que no conoce y, además, los deforma. Es lo que sucedió durante la primera visita del Papa a África en marzo de este año.
El libro nace de esta tristeza y, también, de la rabia de ver pisoteados los principios fundamentales de una correcta información. Al mismo tiempo nos parecía obligado dar a conocer al público los hechos así como sucedieron y, de algún modo, abrir los ojos a la opinión pública, de modo que no tome como oro fino torpes instrumentalizaciones, perpetradas por motivos ideológicos, por superficialidad, o por ambos factores.

-¿Cómo está planteado el libro y cuáles son los argumentos que suscitan para decir que el Papa tiene razón?

Puccetti: El libro se articula en dos partes. En la primera, se ha reconstruido con fidelidad absoluta el trabajo de parcheo de las declaraciones del Santo Padre; de la lectura del libro se hace sumamente evidente la progresiva distorsión del mensaje realizada con añadidos, omisiones, sustituciones.

Luego, hemos transcrito, como hacen ustedes con las del cardenal Turkson, las palabras exactas del Papa al periodista francés que hizo la p regunta sobre el preservativo. En la segunda parte del libro, hemos resumido lo mejor que hemos podido el panorama de conocimientos ofrecido por la literatura científica internacional en cuanto a aplicación clínica de la prevención mediante la promoció del uso del condón.
Hemos dedicado especial atención a los números, porque consideramos que pueden ser una base de discusión compartida al margen de la orientación religiosa.
Cuando un interlocutor mío se muestra sorprendido si declaraciones de eminentes científicos confirman lo que dice el Papa, no puedo sino deducir de ello el escaso conocimiento de los datos que en el curso de los años se han sedimentado y de la amplitud de las voces que, en revistas internacionales como “The Lancet” o el “British Medical Journal” han replicado a los editoriales de aquellas mismas revistas. Hace unos días, vi en la televisión a un señor bastante corpulento que definía “una tontería” las palabras del Papa, luego me di cuenta de que era la misma persona que a menudo aparece en la pantalla con una gran peluca rubia. Bueno, si cualquiera puede levantarse por la mañana y dar juicios como si fuera un epidemiólogo clínico, quizá entonces un libro que explique cómo están las cosas puede ser útil. Estoy convencido de que gran parte de una Bioética en la que es cada vez más difícil encontrar alguna traza de ética deriva de una dejadez científica en verdad preocupante.

-¿Por qué tanto clamor por las palabras del Papa y como se produjo la desinformación?

Cavoni: Todos los mayores diarios nacionales e internacionales se lanzaron, directa o indirectamente, contra el pontífice, reo de haber dicho que los preservativos no resuelven los problemas en África y más bien los agravan. Las críticas se acentuaron luego en el momento en que llegaron las observaciones, más feroces, por parte de varios exponentes de gobierno europeos e incluso la resolución del Parlamento belga que pedía al Papa que desmitiera lo afirmado.
La cuestión es que quien toma posiciones tan fuertes, se presume que sepa lo que dijo en verdad el Papa; y en cambio no fue así: Todos hablaban pero poco habían escuchado. Tanto es así que, en un segundo momento, muchos científicos confirmaron los conceptos expresados por Benedicto XVI.

Tenemos que pensar que, para muchas personas, la primera y única fuente de información, de culturización, o de simple conocimiento de la realidad circundante, está determinada por periódicos y telediarios. Está vigente todavía, en suma, el clásico “l o ha dicho el telediario”, o “lo he leído en el periódico”, y esto para confirmar la veracidad de lo que se ha sabido.

Los medios de información adquieren un principio de autoridad potentísimo. Si por tanto las cosas, los hechos, las noticias presentadas se basan en reconstrucciones parciales o mordisqueos de la realidad, el lector recibirá en regalo una lectura de la realidad deformada, que no corresponde a la verdad. Con esta técnica se puede incluso crear una realidad virtual paralela a la real.
Si yo, debiendo informar sobre las palabras del Papa, y comentarlas, no le escucho y no lo reproduzco correctamente, corro el riesgo de comentar algo que no se ha dicho o se ha dicho de modo sustancialmente diferente.

El problema de las fuentes periodísticas, que deben ser accesibles, etcétera, de las que se habla tanto en estas semanas, no vale sólo, y no tanto, para las actas públicas de las fiscalías, sino para el abc del periodismo: ser testigo de todo lo que uno se dispone a describir.
No estamos hablando de una nebulosa objetividad, de imparcialidad; no, estamos hablando del hecho de que debo estar presente en el escenario del hecho que describo. Y si esto no es posible, visto que en el caso específico, no todos los periodistas pueden estar en el séquito del pontífice, cuando menos me tomo la molestia de volver a escuchar, palabra por palabra, lo que de verdad dijo el Papa y por qué lo dijo.
En cambio, muchos se fiaron de lo que habían oído decir, de un primer texto, incorrecto. El resto es historia ordinaria de desinformación.