Como Cristo, responder al mal con amor infinito, alienta el Papa Benedicto

Miles de fieles y peregrinos se dieron cita este mediodía en la Plaza de San Pedro, en medio del intenso calor, para rezar el Ángelus Dominical con el Papa Benedicto XVI, quien al introducir la oración mariana recordó que la sangre derramada por Cristo es la manifestación del amor fiel que Dios tiene por todos los hombres, y que como hace Él, al mal ha de responderse con amor infinito para vencerlo.

El Santo Padre recordó que en el pasado “el primer domingo de julio se caracterizaba por la devoción a la Preciosísima Sangre de Cristo” y que “el tema de la sangre, vinculado al Cordero pascual, es de primaria importancia en la Sagrada Escritura”.

“Desde la flagelación, hasta el ser atravesado en el costado tras la muerte en la cruz, Cristo ha derramado toda su sangre, cual verdadero Cordero inmolado para la redención universal”, agregó el Pontífice.

Citando el libro del Génesis recordó que “la sangre de Abel, asesinado por el hermano Caín, grita a Dios desde la tierra”. “Lamentablemente –continuó– este grito no cesa, porque la sangre humana continúa derramándose por la violencia, la injusticia y el odio”.

“¿Cuándo aprenderán los hombres que la vida es sagrada y pertenece solo a Dios? ¿Cuándo comprenderá que todos somos hermanos? Cristo no ha respondido al mal con el mal, sino con el bien, con su amor infinito. La sangre de Cristo es la prenda del amor fiel de Dios por la humanidad”, concluyó el Papa. Seguidamente rezó el Ángelus dominical, saludó en diversos idiomas e impartió su Bendición Apostólica.

Ética para corruptos

Portada del libro

Un título tan atractivo como preciso es el que Óscar Diego Bautista ha dado a su libro para prevenir la corrupción en los gobiernos y las administraciones públicas: “Ética para corruptos” (Desclée de Brouwer, 2009).
La desconfianza de los ciudadanos en la clase política es grave, mucho más si ocurre en una democracia consolidada. Se percibe una especie de divorcio entre la política y la ética. En todos los tiempos, en todas las latitudes y en todos los regímenes políticos podemos encontrar casos de corrupción: nepotismo, desvío de fondos públicos, aceptación de sobornos, acoso, extorsión, avaricia, deslealtad, abuso de autoridad, incapacidad para el cargo…

Los escándalos de corrupción se suceden, a pesar de los instrumentos de control que suponen las leyes y las sanciones explicitadas en las mismas. Pero lo fundamental es el autocontrol, es decir, lo que dimana de una educación en valores y principios capaz de impulsar al hombre a actuar éticamente.

Está claro que las personas con sanos principios no roban, no mienten, no despilfarran, no sobornan, no son déspotas. No será tan infame actuar como católico tratando de cumplir los mandamientos. Quien interioriza los valores éticos reflexiona y delibera acerca de la actitud a tomar, forma su conciencia para saber distinguir entre lo conveniente y lo nocivo; luego sigue los principios positivos y convenientes y asume su deber libre y voluntariamente, no para hacer lo que le dé la gana, sino para hacer lo que debe hacer con responsabilidad.

Hay una crisis de valores en los servidores públicos y esa crisis es la que genera la corrupción, el que no funcionen las administraciones públicas, no se resuelvan los problemas y necesidades de los ciudadanos y la consiguiente pérdida de confianza en los gobernantes.

El antídoto contra la corrupción tendrá mucha más fuerza si es interno al individuo (como la educación, las convicciones, los principios, los valores morales), que si es meramente externo (como las leyes, los códigos, los reglamentos y las sanciones). Justamente lo contrario de lo que pretenden los gobiernos.

El Papa al G8: ‘Invertir’ en las personas para frenar la recesión mundial

Benedicto XVI durante su reciente Viaje apostólico a Africa

Invertir en las personas –“en todos los hombres y mujeres de la Tierra”- es la forma eficaz de alejar las “preocupantes perspectivas de recesión mundial”: es uno de los principales llamamientos de Benedicto XVI en la carta –recién difundida- que dirige al G8 de jefes de Estado y de Gobierno de los países más industrializados, cumbre que acogerá la localidad italiana de L’Aquila del 8 al 10 de julio.

En su misiva -al presidente Silvio Berlusconi, pues el G8 se reúne bajo la presidencia italiana-, el Papa apunta, entre las múltiples problemáticas de un mundo altamente interconectado e interdependiente, “la crisis económico-financiera” y “los cambios climáticos”: “no pueden dejar de impulsar hacia un sabio discernimiento y nuevos proyectos para ‘convertir’ el modelo de desarrollo global, haciéndolo capaz de promover de forma eficaz un desarrollo humano integral, inspirado en los valores de la solidaridad humana y de la caridad en la verdad”.  

 “Algunos de estos temas se afrontan también en mi tercera Encíclica Caritas in veritate –confirma Benedicto XVI-, que precisamente se presentará a la prensa en los próximos días”. 

 La urgencia es el denominador común de las exhortaciones del Santo Padre. Como el llamamiento al sentido de responsabilidad. “La liberación de los países más pobres del peso de la deuda y, más en general, la erradicación de las causas de la pobreza extrema en el mundo dependían de la plena asunción de las responsabilidades solidarias respecto a toda la humanidad. Responsabilidades que no han disminuido, es más, se han vuelto incluso hoy más apremiantes”, alerta.  

 Si bien la mayoría de los países menos desarrollados ha disfrutado de un período de notable crecimiento, la crisis financiera y económica “que golpea a todo el planeta desde inicios de 2008 ha cambiado el panorama –lamenta el Papa-, de forma que es real el riesgo de que no sólo se apaguen las esperanzas de salir de la pobreza extrema, sino que incluso caigan en la miseria poblaciones hasta ahora beneficiarias de un mínimo de bienestar material”. Más aún: la crisis económica actual amenaza con “la cancelación o la drástica reducción de los planes de ayuda internacional, especialmente a favor de África y de los demás países económicamente menos desarrollados”. 

 De aquí el llamamiento –explícitamente “fuerte”- de Benedicto XVI a la próxima cumbre “para que la ayuda al desarrollo, sobre todo la que se dirige a ‘valorar’ el ‘recurso humano’, se mantenga y se potencie, no sólo a pesar de la crisis, sino precisamente porque es una de sus principales vías de solución”. 

 “¿No es acaso invirtiendo en el hombre –en todos los hombres y las mujeres de la Tierra- como se podrá conseguir alejar de forma eficaz las preocupantes perspectivas de recesión mundial? ¿No es éste de verdad el camino para obtener, en la medida de lo posible, una marcha de la economía mundial que beneficie a los habitantes de cada país, rico o pobre, grande y pequeño?”, interroga a los líderes mundiales.  

 Y si “es cierto que se necesita ‘invertir’ en los hombres, el objetivo de la educación básica para todos, sin exclusiones, para el año 2015, no sólo hay que mantenerlo, sino reforzarlo generosamente”, prosigue. Y es que “la educación es condición indispensable” “para el funcionamiento de la democracia, la lucha contra la corrupción, el ejercicio de los derechos políticos, económicos y sociales y para la recuperación efectiva de todos los Estados, pobres y ricos”. 

 De ello se desprende la necesidad, que recalca el Papa, de una recta aplicación del principio de subsidiariedad, porque “el apoyo al desarrollo no puede dejar de tener en cuenta la capilar acción educadora que desarrollan la Iglesia católica y otras confesiones religiosas en las regiones más pobres y abandonadas”. 

 La siguiente exhortación de Benedicto XVI se dirige a “reformar la arquitectura financiera internacional para asegurar la coordinación eficaz de las políticas nacionales, evitando la especulación crediticia y garantizando una amplia disponibilidad internacional de crédito público y privado al servicio de la producción y del trabajo, especialmente en los países y en las regiones más desfavorecidas”. 

 En conjunto, el Santo Padre pide al G8 que tenga presentes las exigencias concretas humanas y familiares, como es el caso de la creación de puestos de trabajo para todos para abrir las puertas a una vida digna y a la educación de los hijos. Urge asimismo “un sistema comercial internacional equitativo, poniendo por obra –y si es necesario yendo más allá- las decisiones tomadas en Doha en 2001 a favor del desarrollo”, además del impulso de “toda energía creativa” para “cumplir los compromisos asumidos en la Cumbre de la ONU del Milenio sobre la eliminación de la pobreza extrema para el año 2015”. 

 Para el éxito de los resultados del intenso trabajo que espera al G8, el Papa propone esta clave: “La medida de la eficacia técnica de las disposiciones que haya que adoptar para salir de la crisis coincide con la medida de su valor ético”.  

 Naturalmente, siguiendo al Santo Padre, la legitimación ética de los compromisos políticos del G8 exigirá que se cotejen con la opinión y las necesidades de toda la comunidad internacional. Por eso indica la importancia de “reforzar el multilateralismo” y aplaude que el próximo G8 esté ampliado a otras regiones del mundo. 

 “Sin embargo, en el momento de las negociaciones y de las decisiones concretas y operativas, hay que considerar atentamente a todas las instancias -advierte-, no sólo las de los países más importantes o con un éxito económico más marcado”. 

 “¡Que se escuche entonces la voz de África y de los países menos desarrollados económicamente! Que se busquen modos eficaces para vincular las decisiones de los distintos agrupamientos de países, incluido el G8, a la Asamblea de las Naciones Unidas, donde cada nación, cualquiera que sea su peso político y económico, puede expresarse legítimamente en una situación de igualdad con las demás”.

.Benedicto XVI nombra a Juan Miguel Ferrer Grenesche subsecretario de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos

Juan Miguel Ferrer

La Oficina de Información de la Santa Sede ha anunciado a las 12 de esta mañana, el nombramiento del sacerdote de la archidiócesis de Toledo, monseñor Juan Miguel Ferrer Grenesche, como subsecretario de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.

Don Juan Miguel Ferrer Grenesche nació en Madrid el 29 de mayo de 1961. Tras efectuar sus estudios de Teología en el Instituto Teológico de San Ildefonso de Toledo, y en el Pontificio Instituto Litúrgico San Anselmo de Roma, donde obtuvo el doctorado en Sagrada Liturgia, recibió la ordenación sacerdotal en Toledo, el día 5 de octubre de 1986, siendo nombrado Director del Secretariado Diocesano de Liturgia. En Roma también obtuvo la diplomatura en Arte Sacro.

Junto a la dirección del Secretariado Diocesano de Liturgia fue también Director de la Casa Sacerdotal de Toledo entre los años 1991 y 1994. Desde este año ha sido profesor de Liturgia en el Instituto Teológico San Ildefonso, de Toledo.

Gran parte de su ministerio sacerdotal lo ha ejercido como Rector del Seminario Mayor San Ildefonso, siendo arzobispo de la sede primada don Francisco Álvarez Martínez.

En el año 2000 fue nombrado Capellán Mozárabe de la S. I. Catedral Primada y, en el 2001, canónigo del Excmo. Cabildo. Don Antonio Cañizares Llovera lo nombró vicario general de la diócesis (2002) y Vicario Episcopal para Asuntos Económicos y Ecónomo Diocesano (2007).

En la actualidad, don Juan Miguel Ferrer Grenesche es vicario general y ecónomo diocesano de la archidiócesis de Toledo, y párroco de la parroquia de Santo Tomé. Es, además, miembro del Excmo. Cabildo Primado. Ha sido consultor de la Comisión Episcopal de Liturgia de la Conferencia Episcopal Española y, el pasado 22 de abril, fue nombrado por el Papa Benedicto XVI, consultor de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. En 2006 recibió el nombramiento de Capellán Magistral de la Soberana Orden Militar de Malta.