Película sobre la vida de San Pedro Poveda, sacerdote

La institución Teresiana en Valencia,  tiene el gusto de comunicarle el estreno de la película,  POVEDA, sobre la vida de San Pedro Poveda, sacerdote y pedagogo,  r de la Institución Teresiana, que se proyectará a partir del 4 de marzo en los cines Kinépolis y MN4.

    La película narra la historia de Pedro Poveda (Linares, 1874- Madrid, 1936), un sacerdote tenaz e innovador que abrió caminos en el campo educativo y en defensa de los derechos de las mujeres en la España de principios del siglo XX. Gue reconocido por la UNESCO como “Pedagogo y Humanista” y canonizado por el Papa San Juan Pablo II.

    Tras ejercer su labor sacerdotal en las marginales barriadas de las Cuevas de Guadix (Granada) y poner en marcha diversas iniciativas sociales y educativas, Poveda marcha a Covadonga (Asturias). Desde allí inicia un novedoso movimiento impulsado por mujeres jóvenes,  origen de la Institución Teresiana. Para su desarrollo se apoya en la joven Pepita (Josefa) Segovia (Elena Furiase), primera mujer licenciada en educación de Jaén.  Poveda vivirá la España convulsa de los años treinta donde los conflictos sociales, educativos y religiosos se agudizan hasta desembocar en una guerra civil. En este contexto Poveda, hombre de paz, de diálogo y víctima de la violencia y la intolerancia, dejará una huella de luz y esperanza.

   La institución Teresiana,  con el convencimiento de que su persona prudente y audaz, tiene capacidad para ofrecer perspectivas con las que comprometernos en nuestro tiempo,  quiera dar difusión a esta película.

Y se pone a disposición de esta difusión,  con el objetivo compartido con la productora, de que los mensajes que la película ofrece puedan estar al alcance de muchas personas y grupos con intereses específicos.

Miércoles de Ceniza

 

Con la imposición de las cenizas, se inicia una estación espiritual particularmente relevante para todo cristiano que quiera prepararse dignamente para la vivir el Misterio Pascual, es decir, la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor Jesús.

Este tiempo vigoroso del Año Litúrgico se caracteriza por el mensaje bíblico que puede ser resumido en una sola palabra: “metanoeiete”, es decir “Convertíos”. Este imperativo es propuesto a la mente de los fieles mediante el rito austero de la imposición de ceniza, el cual, con las palabras “Convertíos y creed en el Evangelio” y con la expresión “Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás”, invita a todos a reflexionar acerca del deber de la conversión, recordando la inexorable caducidad y efímera fragilidad de la vida humana, sujeta a la muerte.

La sugestiva ceremonia de la ceniza eleva nuestras mentes a la realidad eterna que no pasa jamás, a Dios; principio y fin, alfa y omega de nuestra existencia. La conversión no es, en efecto, sino un volver a Dios, valorando las realidades terrenales bajo la luz indefectible de su verdad. Una valoración que implica una conciencia cada vez más diáfana del hecho de que estamos de paso en este fatigoso itinerario sobre la tierra, y que nos impulsa y estimula a trabajar hasta el final, a fin de que el Reino de Dios se instaure dentro de nosotros y triunfe su justicia.

Sinónimo de “conversión” es así mismo la palabra “penitencia”… Penitencia como cambio de mentalidad. Penitencia como expresión de libre y positivo esfuerzo en el seguimiento de Cristo.
Tradición

En la Iglesia primitiva, variaba la duración de la Cuaresma, pero eventualmente comenzaba seis semanas (42 días) antes de la Pascua. Esto sólo daba por resultado 36 días de ayuno (ya que se excluyen los domingos). En el siglo VII se agregaron cuatro días antes del primer domingo de Cuaresma estableciendo los cuarenta días de ayuno, para imitar el ayuno de Cristo en el desierto.

Era práctica común en Roma que los penitentes comenzaran su penitencia pública el primer día de Cuaresma. Ellos eran salpicados de cenizas, vestidos en sayal y obligados a mantenerse lejos hasta que se reconciliaran con la Iglesia el Jueves Santo o el Jueves antes de la Pascua. Cuando estas prácticas cayeron en desuso (del siglo VIII al X), el inicio de la temporada penitencial de la Cuaresma fué simbolizada colocando ceniza en las cabezas de toda la congregación.

Hoy en día en la Iglesia, el Miércoles de Ceniza, el cristiano recibe una cruz en la frente con las cenizas obtenidas al quemar las palmas usadas en el Domingo de Ramos previo. Esta tradición de la Iglesia ha quedado como un simple servicio en algunas Iglesias protestantes como la anglicana y la luterana. La Iglesia Ortodoxa comienza la cuaresma desde el lunes anterior y no celebra el Miércoles de Ceniza.


Significado simbólico de la Ceniza

La ceniza, del latín “cinis”, es producto de la combustión de algo por el fuego. Muy fácilmente adquirió un sentido simbólico de muerte, caducidad, y en sentido trasladado, de humildad y penitencia. En Jonás 3,6 sirve, por ejemplo, para describir la conversión de los habitantes de Nínive. Muchas veces se une al “polvo” de la tierra: “en verdad soy polvo y ceniza”, dice Abraham en Gén. 18,27. El Miércoles de Ceniza, el anterior al primer domingo de Cuaresma (muchos lo entenderán mejor diciendo que es le que sigue al carnaval), realizamos el gesto simbólico de la imposición de ceniza en la frente (fruto de la cremación de las palmas del año pasado). Se hace como respuesta a la Palabra de Dios que nos invita a la conversión, como inicio y puerta del ayuno cuaresmal y de la marcha de preparación a la Pascua. La Cuaresma empieza con ceniza y termina con el fuego, el agua y la luz de la Vigilia Pascual. Algo debe quemarse y destruirse en nosotros -el hombre viejo- para dar lugar a la novedad de la vida pascual de Cristo.

Mientras el ministro impone la ceniza dice estas dos expresiones, alternativamente: “Arrepiéntete y cree en el Evangelio” (Cf Mc1,15) y “Acuérdate de que eres polvo y al polvo has de volver” (Cf Gén 3,19): un signo y unas palabras que expresan muy bien nuestra caducidad, nuestra conversión y aceptación del Evangelio, o sea, la novedad de vida que Cristo cada año quiere comunicarnos en la Pascua.

Joan Ribó. Dedique las calles a las victimas de ETA, grapo, 11M

VALORA, Y  ¿FIRMAS?

Dedique las calles a las victimas de ETA, grapo, 11 M.

En Valencia el nuevo tripartito va avanzando medidas para solucionar problemas “urgentes”. Pretende cambiar el nombre a las calles bajo su criterio. Dice <<vamos a cumplir rigurosamente la Ley de Memoria Histórica>>. No dedique las calles a Republicanos. Dedíquelas a aquellas victimas inocentes del terrorismo de ETA, del grapo o del 11-M y los que han dado su vida cumpliendo con su deber, Ejercito, Policía, Guardia Civil.

Beata Francisca de la Encarnación

Por desgracia, la historia continúa ensangrentando sus páginas al cercenar brutalmente la vida de personas inocentes, cuyo único «delito» es profesar la fe, legítima opción canonizada en 1948 por la Declaración Universal de Derechos Humanos (artº. 2), aunque sigue siendo impunemente vulnerada. Los intolerantes, pertrechados en la fuerza de las armas y la cobardía de los improperios, han arrasado los altos ideales y nobles sueños de quienes únicamente hicieron del amor la senda de su acontecer.

En 1936, desde su misión de tornera, la religiosa española Francisca Espejo Martos escuchaba aterrorizada las pésimas noticias que penetraban por las rejas del convento trinitario de Martos, Jaén, su ciudad natal, atentando contra la paz que latía en la comunidad. El terror que le producían los clarines de muerte trazó provisionalmente una escurridiza pirueta sobre su vida al intervenir la priora, quien caritativamente la dispensó de su responsabilidad para ahorrarle sufrimientos, y hallarse a resguardo de los captores en casa de su hermano, por un tiempo. Pero su fin estaba ya trazado y dispuesta para ella la gloria del martirio.

Su biografía había comenzado el 2 de febrero de 1873, día de su nacimiento. Huérfana de madre y responsable de un hermano menor, cuando su padre se desposó nuevamente, se instaló junto a su tía Rosario, priora del convento trinitario, y siguió sus pasos en la vida religiosa. Profesó en 1894 y fue viendo caer las hojas del calendario entregada a la oración y realizando las labores domésticas con espíritu de mansedumbre y sencillez, siendo el paño de lágrimas de los pobres a los que socorría. Alguien que la conoció de cerca, sintetizó su ejemplar vida cotidiana diciendo: «Era muy buena; todo lo que se diga es poco».

Durante años nada hacía presagiar la tormenta que se cernía en el horizonte hasta que las llamas devoraron las iglesias de Nuestra Señora de la Villa y de San Amador la fatídica madrugada del 18 al 19 de julio de 1936. Dos días más tarde el convento de las madres trinitarias estaba en el punto de mira de los perversos sanguinarios que penetraron en el recinto y las dejaron desprovistas de todo, viéndose obligadas a buscar cobijo entre gentes de buen corazón. Junto a su tía, Encarnación siguió realizando en casa de su hermano lo que mejor sabía hacer: orar y trabajar. ¿Ofendían a alguien con este proceder?

Enero de 1937 vino cargado de malos augurios. El día 11, su tía, su cuñada y ella misma fueron apresadas. Su hermano, que les había precedido en este desatino, fue liberado. Entre el importante número de religiosos que estaban marcados de forma ignominiosa por los milicianos para derramar su sangre, algunos fueron liberados en medio de distintas circunstancias; en el caso de su tía Rosario, por motivos de avanzada edad y solo después de que los verdugos fueran increpados por un testigo de tan inhumana afrenta, ya que la religiosa caminaba penosamente por la calle hallándose entre los señalados para morir.

Las bendiciones habían llovido sobre la localidad con numerosas vocaciones y los que había determinado segar sus vidas decidieron reducir los ajusticiados eligiendo únicamente a los responsables de cada Orden. Sin embargo en el caso de las trinitarias detuvieron a dos erróneamente; una era Encarnación mientras la priora había quedado a salvo. En el calabozo compartía con otras religiosas temblores y angustia; veían pasar el tiempo unidas en la oración y alentadas por el ejemplo de los primeros mártires. Alguna de ellas se libró de la muerte. Pero la presión ejercida por el responsable de su excarcelación no pudo extenderse a las restantes. Y el 13 de enero las obligaron a subir a una destartalada camioneta conduciéndolas a varios kilómetros distantes de su localidad natal, concretamente a Casillas de Martos.

La bajeza y brutalidad de los asesinos se mostró con toda su crudeza cuando después de fusilar cobardemente frente a una tapia a los numerosos varones que habían capturado, se propusieron violentar a las tres religiosas, una de ellas Encarnación, en el barranco que se hallaba enfrente del cementerio. Ellas se defendieron con uñas y dientes. Y en medio de tan bárbara lucha, los viles verdugos, contrariados e impotentes, al no lograr sus propósitos dejaron fluir toda su rabia destrozando el cráneo de la beata con varios culatazos de escopeta; su cuerpo abandonado mostraba huellas estremecedoras de fiereza. Encarnación tenía entonces 64 años. Benedicto XVI la beatificó el 28 de octubre de 2007. Su cuerpo incorrupto se conserva en el monasterio de la Santísima Trinidad de Martos.

 

Zenit

100 años del Santo Cáliz

El Santo Cáliz de la Última Cena cumple cien años expuesto en público en la Catedral de Valencia
El 6 de enero de 1916 tuvo lugar el solemne traslado desde el relicario a la capilla donde se venera hoy

El Santo Cáliz de la Última Cena, que se venera en la Catedral de Valencia desde el siglo XV, cumplirá mañana, 6 de enero, cien años expuesto al público en el Aula Capitular antigua de la Seo o capilla del Santo Cáliz, a donde fue trasladado solemnemente aquel mismo día desde el relicario de la Seo, donde permanecía custodiado desde su llegada al templo.
El Santo Cáliz, con su copa palestina de ágata en la parte superior, datada en el siglo I antes de Cristo, y que, según la tradición, fue la utilizada por Jesucristo en la Última Cena, fue trasladado el 6 de enero de 1916 desde el relicario de la Catedral, donde permanecía custodiado desde el año 1437, hasta la antigua Aula Capitular de la Seo, hoy capilla del Santo Cáliz, según han indicado a la agencia AVAN fuentes del Cabildo de la Catedral.

El cambio de ubicación fue promovido por el entonces deán de la Catedral, José María Navarro Darás, a iniciativa del canónigo José Sanchis Sivera, quien en su libro “El Santo Cáliz de la Cena (Santo Grial) venerado en Valencia”, de 1914, propuso ya su traslado al Aula Capitular antigua “para recibir allí continuo culto”.

También fue promotor de aquel traslado el entonces arzobispo de Valencia, monseñor Valeriano Menéndez Conde, titular de la archidiócesis desde 1914 hasta 1916, quien acordó con el Cabildo convertir la Capilla de las Reliquias en Aula Capitular nueva y la antigua Aula Capitular, en Capilla para el Santo Cáliz.

Finalmente, el Cabildo de la Catedral acordó el 3 de enero de 1916 que “el día de la Epifanía, 6 de enero, se saque el Santo Cáliz del Relicario y se coloque en el Altar” y que, por la tarde, “en solemne procesión claustral, sea llevado y colocado en su nuevo altar del aula antigua”.

“Grandiosa solemnidad” en el traslado, que fue “felicísima idea”

El Boletín Oficial del Arzobispado de entonces describió el traslado del Santo Cáliz como de “grandiosa solemnidad”, y relató cómo fue sacado del relicario aquel 6 de enero de 1916 y conducido hasta el altar mayor de la Seo, por la mañana, y cómo, por la tarde, fue llevado “en andas de plata” y “en solemne procesión claustral” al Aula Capitular, donde el coro catedralicio entonó el motete “Calix benedictionis” y el arzobispo de Valencia, cuando monseñor Menéndez Conde, colocó el Cáliz en el templete del nuevo altar.

Los periódicos de la época también describieron en sus crónicas el traslado. “La Voz de Valencia” destacó la labor del deán Navarro Darás y calificó la jornada como “día de gloria y valencianismo”, mientras que “Las Provincias” subrayó la “idea felicísima” del canónigo Sanchis Sivera de trasladar la reliquia y el “Diario de Valencia” hacía un “llamamiento a la hidalguía y generosidad de la católica Valencia” para promocionar el culto de la reliquia.

Desde Jerusalén a Valencia

Según la tradición, la copa que utilizó Jesucristo en la Última Cena fue llevada de Jerusalén a Roma por San Pedro y utilizada desde entonces por él y los sucesivos papas de la Iglesia en Roma en las celebraciones eucarísticas hasta el año 258 cuando el papa Sixto II, encargó a su diácono, San Lorenzo que sacara aquel sagrado cáliz de Roma para protegerlo de la persecución del emperador Valeriano. San Lorenzo envió la reliquia a España, donde vivían sus padres. Tras pasar por distintos monasterios de Huesca y Zaragoza, en el año 1424, el rey Alfonso el Magnánimo decidió trasladar el Santo Cáliz a Valencia, donde estuvo primeramente en el desaparecido Palacio Real y, desde 1437, en la Catedral.

Año Jubilar del Santo Cáliz

Precisamente, la archidiócesis de Valencia celebra en la actualidad el primer Año Santo Jubilar Eucarístico concedido por el papa Francisco cada 5 años a la archidiócesis de Valencia en conmemoración del Santo Cáliz que se venera en la Catedral.

El pasado 29 de octubre de 2015, el cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, presidió en la Catedral la misa de apertura del primer Año Jubilar , que se celebra bajo el lema “Cáliz de la Misericordia”, por coincidir sus fechas con el Año Jubilar de la Misericordia convocado por el Papa Francisco para toda la Iglesia desde el pasado mes de diciembre.

Desde entonces, la capilla del Santo Cáliz, que es visitada cada mes por miles de turistas, registra el paso de numerosas peregrinaciones que acuden desde distintos lugares a ganar el jubileo y la consiguiente indulgencia plenaria.

(AVAN)

EL DON DE LA INDULGENCIA

PENITENCIARÍA APOSTÓLICA

EL DON DE LA INDULGENCIA

 

La celebración del Año jubilar no sólo constituye una ocasión singular para aprovechar el gran don de las indulgencias, que el Señor nos hace mediante la Iglesia, sino que también es una feliz oportunidad para volver a presentar a la consideración de los fieles la catequesis sobre las indulgencias. Por eso, la Penitenciaría apostólica publica, para utilidad de cuantos realizan las visitas jubilares, este aviso sagrado.

 

INDICACIONES DE ÍNDOLE GENERAL
SOBRE LAS INDULGENCIAS

  1. El «Código de derecho canónico» (c. 992) y el «Catecismo de la Iglesia católica» (n. 1471), definen así la indulgencia: «La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos».
  2. En general, para lucrar las indulgencias hace falta cumplir determinadas condiciones (las enumeramos en los números 3 y 4) y realizar determinadas obras (en los números 8, 9 y 10 se indican las que corresponden al Año santo).
  3. Para lucrar las indulgencias, tanto plenarias como parciales, es preciso que, al menos antes de cumplir las últimas exigencias de la obra indulgenciada, el fiel se halle en estado de gracia.
  4. La indulgencia plenaria sólo se puede obtener una vez al día. Pero, para conseguirla, además del estado de gracia, es necesario que el fiel

– tenga la disposición interior de un desapego total del pecado, incluso venial;

– se confiese sacramentalmeпte de sus pecados;

reciba la sagrada Eucaristía (ciertamente, es mejor recibirla participando en la santa misa, pero para la indulgencia sólo es necesaria la sagrada Comunión);

ore según las intenciones del Romano Pontífice.

  1. Es conveniente, pero no necesario, que la confesión sacramental, y especialmente la sagrada Comunión y la oración por las intenciones del Papa, se hagan el mismo día en que se realiza la obra indulgenciada; pero es suficiente que estos sagrados ritos y oraciones se realicen dentro de algunos días (unos veinte) antes o después del acto indulgenciado. La oración según la mente del Papa queda a elección de los fieles, pero se sugiere un «Padrenuestro» y un «Avemaría». Para varias indulgencias plenarias basta una confesión sacramental, pero para cada indulgencia plenaria se requiere una distinta sagrada Comunión y una distinta oración según la mente del Santo Padre.
  2. Los confesores pueden conmutar, en favor de los que estén legítimamente impedidos, tanto la obra prescrita como las condiciones requeridas (obviamente, excepto el desapego del pecado, incluso venial).
  3. Las indulgencias siempre son aplicables o a sí mismos o a las almas de los difuntos, pero no son aplicables a otras personas vivas en la tierra.

 

ASPECTOS PROPIOS DEL AÑO JUBILAR

Cumplidas las necesarias condiciones, indicadas en los números 3 y 4, los fieles pueden lucrar la indulgencia jubilar realizando una de las siguientes obras, enumeradas aquí en tres categorías:

  1. Obras de piedad o religión

O hacer una peregrinación piadosa a un santuario o lugar jubilar (para Roma: una de las cuatro basílicas patriarcales, es decir, San Pedro, San Juan de Letrán, Santa María la Mayor y San Pablo, o también a la basílica de Santa Cruz de Jerusalén, a la basílica de San Lorenzo en Campo Verano, al santuario de la Virgen del Amor Divino o a una de las catacumbas cristianas), participando en la santa misa o en otra celebración litúrgica (Laudes o Vísperas) o en un ejercicio de piedad (vía crucis, rosario, rezo del himno «Akáthistos», etc.),

– o hacer una visita piadosa, en grupo o individualmente, a uno de esos lugares jubilares, participando en la adoración eucarística y en meditaciones piadosas, concluyéndolas con el « Padrenuestro », el « Credo » y una invocación a la Virgen María.

  1. Obras de misericordia o caridad

– O visitar, durante un tiempo conveniente, a hermanos necesitados o que atraviesan dificultades (enfermos, detenidos, ancianos solos, discapacitados, etc.), como realizando una peregrinación hacia Cristo presente en ellos;

– o apoyar con un donativo significativo obras de carácter religioso o social (en favor de la infancia abandonada, de la juventud en dificultad, de los ancianos necesitados, de los extranjeros que, en los diversos países, buscan mejores condiciones de vida);

– o dedicar una parte conveniente del propio tiempo libre a actividades útiles para la comunidad u otras formas similares de sacrificio personal.

  1. Obras de penitencia

Al menos durante un día

o abstenerse de consumos superfluos (fumar, bebidas alcohólicas, etc.);

o ayunar;

– o hacer abstinencia de carne (u otros alimentos, según las indicaciones de los Episcopados),

entregando una suma proporcional a los pobres.

Dado en Roma, en la sede de la Penitenciaría apostólica, el 29 de enero de 2000.

Card. WILLIAM WAKEFIELD BAUM
Penitenciario mayor

Mons. LUIGI DE MAGISTRIS
Obispo titular de Nova

Comienzan las peregrinaciones diocesanas a la Catedral de Valencia

Comienzan las peregrinaciones diocesanas a la Catedral con motivo del Año del Cáliz de la Misericordia
A partir del 16 de enero, finalizará cada una de ellas con una misa en la Seo presidida por el Cardenal

La próxima semana darán comienzo las peregrinaciones diocesanas de las ocho Vicarías territoriales de la archidiócesis de Valencia a la Catedral con motivo del Año del Cáliz de la Misericordia.

Las peregrinaciones por Vicarías tendrán lugar siempre en sábado, durante los meses de enero, febrero y marzo, y concluirán con una misa, a las 11 horas, en el Altar Mayor de la Seo presidida por el Arzobispo de Valencia, el cardenal Antonio Cañizares.

La primera será realizada el sábado 16 de enero por la Vicaría II, que abarca las parroquias del Norte de la capital del Turia, según han indicado hoy a la agencia AVAN fuentes de la Vicaría de Evangelización del Arzobispado.

Asimismo, las siguientes peregrinaciones previstas este mes de enero serán el día 23, la de la Vicaría I, que corresponde a la zona Sur de la ciudad de Valencia, y el día 30, la Vicaría III, que abarca el área metropolitana de Valencia, han añadido.

Igualmente, en febrero peregrinará el día 6 la Vicaría VIII, que agrupa las comarcas de La Safor, La Valldigna y La Marina; el sábado 13, la Vicaría VII, que corresponde a La Ribera; el día 20, la Vicaría V, a la que pertenecen las comarcas de Llíria, Requena y Ademuz; y el día 27, la Vicaría IV, que cubre la zona de Moncada y Sagunt. Por último, las peregrinaciones finalizarán el 5 de marzo con la visita de la Catedral de la Vicaría VI, que conforman las parroquias de Xàtiva, Alcoi y Ontinyent.

En cada caso, “cada Vicaría trazará su propia ruta de peregrinación, según su procedencia, que incluirá puntos de interés como el Palacio del Real, la Iglesia de San Lorenzo, la Basílica de la Virgen y el Museo Mariano, la sede de la Escolanía y, por último, la Catedral y su capilla del Santo Cáliz”.

Además, “cada arciprestazgo o parroquia puede realizar la peregrinación a la Catedral para ganar el jubileo durante este Año Eucarístico del Santo Cáliz en el Jubileo Extraordinario de la Misericordia, trazando previamente su propia ruta, teniendo en cuenta que la misa del peregrino se celebra en la Seo de lunes a sábado, a las 18 horas, y los domingos, a las 12 horas, presidida por el Arzobispo”, han señalado.

Por último, este mes se reanudan también las peregrinaciones de los colegios al Santo Cáliz, que comenzaron el pasado mes de noviembre, dirigidas, principalmente, a 5º y 6º de Primaria, y a 3º y 4º de Secundaria, aunque están abiertas al resto de cursos.

(AVAN)